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A Cure for Wellness

(La cura del bienestar)
Benjamin Wallfisch
     
Año:   2017
Sello:   Milan Records
Edición:   Normal
Nº Tracks:   18
Duración:   50:02
     
Ficha IMDB
Web del Compositor
 

 

Reseña por:
Óscar Giménez

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1. Hannah and Volmer (4:35)
2. Nobody Ever Leaves (1:49)
3. Bicycle (2:00)
4. The Rite (3:42)
5. Feuerwalzer (3:44)
6. Magnificent, Isn’t It (2:11)
7. Actually I’m Feeling Much Better (2:00)
8. Clearly He’s Lost His Mind (2:50)
9. Our Thoughts Exactly (1:04)
10. Volmer Institut (3:03)
11. Terrible Darkness (3:19)
12. Lipstick (4:22)
13. Waiting (0:56)
14. Zutritt Verboten (3:39)
15. There’s Nothing Wrong with You People (1:26)
16. Lockhart’s Letter (2:12)
17. Volmer’s Lab (3:32)
18. I Wanna Be Sedated (3:38)

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Tema de Volmer en Hannah and Volmer”

 

Tema de Hannah en “Nobody Ever Leaves”

 

“Feuerwalzer”

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Es una nueva demostración del talento de un compositor joven y prometedor, algo que se aprecia, por ejemplo, en el tema de Volmer o en el siniestro vals incendiario que nos presenta al final del film.

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Algunos clichés demasiado trillados, como la canción de cuna con voz infantil y la idea –que no la ejecución- del vals diabólico. Por otro lado, y sé que suelo repetirme con este tema, el desorden de la edición discográfica respecto al argumento lineal de la película.

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“Hannah and Volmer” y “Feuerwalzer”.

BSOSpirit opina

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Nota media: 8,09

Ángel Aylagas (7), Josep Manel Blanch (9), David Doncel (9), Fernando Fernández (9), Asier G. Senarriaga (8), Óscar Giménez (8), Ignacio Granda (7), Juan Ramón Hernández (7), David Martínez (7), Jordi Montaner (9), David Sáiz (9)

 

Música para un sanatorio malsano

Un sanatorio aparentemente idílico para ricachones en los Alpes suizos, un médico siniestro y una tragedia del pasado. Agítese con fuerza y añádanse unas cuantas sanguijuelas bien nutridas. ¿El resultado? Una historia de terror bien cargada de topicazos. ¿Entretenida? Más o menos, según el humor de cada cual. ¿Olvidable? Por supuesto. Y no es solo una opinión personal, que la crítica también la ha puesto a caer de un burro.

Después de su trilogía piratesco-caribeña, su inmersión en el western animado lagartijero con Rango y su fallido Llanero solitario, Gore Verbinski ha apostado por el terror –ya lo hizo en en 2002 cuando dirigió The Ring– en A Cure for Wellness, con un guion firmado junto a Justin Haythe, quien también aparecía acreditado en Lone Ranger.

Lo dicho, película cargada de clichés del género en la que un joven alto ejecutivo de Nueva York llamado Lockhart (Dane DeHaan) viaja a los Alpes para hacer que el CEO de su compañía (Harry Groener) regrese urgentemente del sanatorio-balneario donde se encuentra para rematar los detalles de una importante fusión.

Pero claro, la misión no será tan sencilla como parece, el sanatorio tampoco es lo que parece y el doctor al frente de la institución… Bueno, ese sí es lo que parece, porque Jason Isaac encarna a un personaje prácticamente calcado al que interpreta en la serie televisiva The OA. O sea, un científico malévolo de oscuras intenciones llamado Volmer, igual que su instituto en las montañas.

El edificio del sanatorio, poblado de adinerados personajes en albornoz semifelices, dedicados al aquagym y a los masajes -solo falta el bingo-, se levanta sobre las ruinas de un antiguo castillo cuyos nobles propietarios fueron linchados y chamuscados por la gente del pueblo cuando el barón quiso tener descendencia de su propia hermana para mantener la pureza de su linaje.

Además de médicos, enfermeros obedientes con malas caras y abuelos en albornoz, en el lugar habita una adolescente llamada Hannah (Mia Goth), que es paciente del lugar desde que tiene memoria. Como cabe esperar de un argumento bastante predecible, el joven ejecutivo se convierte en paciente a causa de un accidente y, poco a poco, va desentrañando lo que ocurre hasta descubrir el pastel. No es necesario decir mucho más.

Lo que no era tan predecible es que, tras años colaborando con Hans Zimmer desde la mencionada The Ring, el compositor elegido haya sido Benjamin Wallfisch, quien a su vez firmó con Zimmer y Pharrell Williams su anterior trabajo, Hidden Figures.

Wallfisch me parece uno de los compositores jóvenes más talentosos del panorama actual. Ha trabajado como director de orquesta y orquestador, sobre todo para Dario Marianelli, y no ha desperdiciado sus oportunidades para destacar en films como Conquest 1453, Hammer of the Gods, Summer in February, Desert Dancer, Bophal: A Prayer for Rain o Gamba, todas ellas bandas sonoras de lo más recomendable. Lo mismo que otra de próximo estreno que retrata la hambruna de Ucrania propiciada por Stalin, titulada Bitter Harvest. Ya publicaremos la reseña cuando llegue el momento.

Hay que reconocer que la música de A Cure for Wellness contiene unos cuantos clichés bastante trillados en el género, algo tal vez inevitable en una película tan llena de tópicos. Sin embargo, se advierte que hay talento en la partitura y que el compositor se ha esforzado en escribir una música que, en mi opinión, es de lo poco bueno que tiene la cinta.

En el primer track, “Hannah and Volmer”, Wallfisch nos presenta los dos temas principales. En primer lugar, el de Hannah, una canción de cuna con voz infantil (interpretada por el niño Sebastian Exall), asociada evidentemente a la misteriosa adolescente que habita en el sanatorio. El tema lo volvemos a encontrar en cortes como “Nobody Ever Lives”, de nuevo con la voz del chico soprano; en “Magnificent, Isn’t It”, con cajita de música relacionada con una figurita de bailarina; en “Clearly He’s Lost His Mind” y “Waiting” con piano, o en “Volmer’s Lab”.

Está claro que eso de utilizar una canción de cuna en una película de terror es algo bastante manido y a todos se nos ocurrirán muchos ejemplos, desde Poltergeist de Goldsmith a El orfanato de Velázquez, pasando por Hide and Seek de Ottman. Y seguro que me dejo docenas.

El otro tema principal es el de Volmer, el médico perverso que regenta el lujoso balneario. Ocupa toda la duración de “Hannah and Volmer” desde el momento en que acaba la canción de cuna, primero con piano solista y después con toda la orquesta, y con la participación de los coros, en concreto el Crouch End Festival Chorus y el Trinity School Boys Choir. Todo el tema mantiene el compás ternario que comenzó el leitmotiv de Hannah. Es un muy buen tema, bello a la par que misterioso, aspecto que realzan de forma efectiva las voces fantasmagóricas del coro, así como las ejecuciones solistas del clarinete y el violín hacia el final del corte. De hecho, en la película está separado del tema de Hannah y lo escuchamos cuando el protagonista, Lockhart, llega al sanatorio mientras el conductor del coche que lo lleva le explica la trágica historia de los barones que habitaron el lugar doscientos años atrás.

El tema de Volmer también aparece repetidas veces en la banda sonora, y lo encontramos en “The Rite”, “Feuerwalzer”, “Actually I’m Feeling Much Better”, “Zutritt Verboten” o “Volmer’s Lab”, en este último cuando Lockhart descubre el frankensteiniano laboratorio secreto del científico siniestro en las catacumbas del sanatorio.

Otro de los platos fuertes de la partitura es “Feuerwalzer”, el “vals de fuego” que protagoniza el clímax final del film, a pesar de que en el disco lo escuchemos mucho antes. Escrito antes del rodaje para que lo bailaran los actores, suena como una danza macabra y es un recurso también muy utilizado en cintas de miedo para acompañar escenas de bailes de salón fantasmagóricos y demenciales. En efecto, es lo que hace aquí el compositor, primero en “The Rite” y después en “Feuerwalzer”, dos cortes que ocupan el tramo resolutivo de la historia. Es un vals agresivo, intenso, que parece por momentos más una amenaza que un baile, y que se desarrolla a continuación como tema de acción potente, pero sin perder la esencia y la orquestación del vals.

Naturalmente, en casi todo score de terror que se precie no faltan los temas de carácter más ambientales, disonantes y chirriantes, encargados de establecer una atmósfera malsana a base de instrumentación tanto acústica como electrónica. Aquí encontraremos este tipo de sonoridades en la primera mitad de “Clearly He’s Lost His Mind”, “Terrible Darkness”, “Lipstick”, “Zutritt Verboten” –cuando Lockhart se mete en la zona donde está “prohibida la entrada”, que es precisamente lo que significa el título para los que no sepáis alemán, entre los que me incluyo-, “There’s Nothing Wrong with You People” o “Lockhart’s Letter”.

Por otro lado, hay algunos cortes que se salen de la norma, temas de transición como “Our Thoughts Exactly”, creado con arpegios de sintetizador que acompañan la llegada de Lockhart a los Alpes; “Bycicle”, tema agradable de sonoridad algo mágica con cuerdas, arpa y guitarra, cuando el protagonista va al pueblo con Hannah en su bicicleta, o “Volmer Institute”, con piano, marimba y electrónica creando un ritmo dinámico y ensoñador, aunque frío y estéril, que expresa el estado semialucinado de Lockhart cuando recorre el interior del sanatorio y observa las actividades acuáticas y curativas de los pacientes ingresados.

Para acabar, una breve mención a la canción final, una versión de “I Wanna Be Sedated” de The Ramones interpretada por la vocalista Mirel Wagner, a elección del propio Gore Verbinski. La canción se utilizó en el trailer y después se grabó de nuevo con un acompañamiento final escrito por Wallfisch con cuerdas y mellotron, esto último como homenaje al “Strawberry Fields Forever” de los Beatles, según declaró el propio compositor, con la idea de que representara ser una especie de himno de los pacientes del sanatorio, apartados del mundo para no saber nada del mismo; de ahí lo de “quiero estar sedado”.

En definitiva, un buen trabajo de Benjamin Wallfisch a pesar de los clichés, que nos permite seguir pensando que su trayectoria es positiva y que lo sitúa entre los compositores jóvenes más prometedores.