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The Shape of Water

(La forma del agua)
Alexandre Desplat
     
Año:   2017
Sello:   Decca
Edición:   Normal
Nº Tracks:   26
Duración:   66:23
     
Ficha IMDB
Web del Compositor
 

 

Reseña por:
Óscar Giménez

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1. The Shape Of Water (3:43)
2. You’ll Never Know (feat. Renée Fleming) (4:38)
3. The Creature (1:47)
4. Elisa’s Theme (2:37)
5. Fingers (2:09)
6. Spy Meeting (1:43)
7. Elisa And Zelda (1:10)
8. Five Stars General (1:32)
9. The Silence Of Love (1:35)
10. Egg (2:14)
11. That Isn’t Good (1:44)
12. Underwater Kiss (2:12)
13. The Escape (10:58)
14. Watching Ruth (2:18)
15. Decency (2:23)
16. He’s Coming For You (1:40)
17. Overflow Of Love (2:56)
18. Without You (2:31)
19. Rainy Day (3:13)
20. A Princess Without A Voice (1:50)
21. La Javanaise (4:11)
22. I Know Why (And So Do You) (3:00)
23. Chica Chica Boom Chic (2:19)
24. Babalu (2:52)
25. A Summer Place (2:34)
26. You’ll Never Know (feat. Renée Fleming) (6:50)

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Tema principal en «The Shape of Water»

 

Tema de Elisa en «Underwater Kiss»

 

Tema de la criatura en «The Creature»

 

«The Escape»

 

«Rainy Day»

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Desplat se marca una partitura muy efectiva para describir la relación amorosa de la chica y el monstruo, y además lo hace con un sonido tan clásico como innovador. Todo un acierto que la convierte en una de las bandas sonoras del año.

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Nada negativo en cuanto al score. En todo caso, personalmente me sobran la mayoría de las canciones de la edición oficial, algo que se resuelve con el promocional enviado a los diferentes jurados “para su consideración”.

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Son muchos, aunque los que ayudan a describir mejor el tono general de la partitura son las escenas más románticas, como la del cuarto de baño de “Overflow of Love”, y la submarina que cierra el film de “Underwater Kiss”.

BSOSpirit opina

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Nota media: 8,90

Ángel Aylagas (8), Josep Manel Blanch (9), Fernando Fernández (10), Asier G. Senarriaga (9), Óscar Giménez (9), Ignacio Granda (8), Juan Ramón Hernández (8), David Martínez (9), Jordi Montaner (9), David Sáiz (10)

 

Ni tan bella ni tan bestia, pero sí una gran obra de romance y fantasía

Sin duda, una de las bandas sonoras del 2017. Globo de Oro, nominaciones a la gran mayoría de premios cinematográficos habidos y por haber, y muchos boletos para que Alexandre Desplat se alce con su segundo Oscar tras The Grand Budapest Hotel. Y en mi opinión, más que merecido. Con permiso de John Williams, claro está…

La historia tiene encanto. Guillermo del Toro nos propone qué ocurriría si la mujer y el monstruo de -valga la redundancia- La mujer y el monstruo (Creature of the Black Lagoon, 1954) se enamoraran y la criatura anfibia se quedara con la chica. Ella es Elisa, muda –que no sorda- y limpiadora en un laboratorio gubernamental de principios de los años sesenta, adonde llevan para investigar a una extraña criatura capturada en la selva amazónica. Entre dos personajes tan peculiares surge un vínculo especial -en parte gracias a la empatía y en parte a los huevos duros- y la función se completa con los cómplices –la limpiadora amiga de la chica, el vecino y un científico espía decidido a no sacrificar al monstruo- y los villanos, básicamente Strickland, el responsable de seguridad, un tipo despiadado decidido a salvaguardar su prestigio y eficiencia hasta las últimas consecuencias.

El film tiene sus dosis de fantasía, thriller y acción, pero en esencia es una historia romántica, una narración de amor imposible –o no- que el compositor  ha sabido captar de forma sublime. Es la primera vez que Desplat trabaja para Del Toro, quien en películas anteriores ha colaborado son Fernando Velázquez, Marco Beltrami y Danny Elfman. Pero en este caso la elección ha sido óptima. Con su toque de distinción y elegancia, el compositor francés se ha marcado una obra redonda, con un sabor muy de cine clásico, pero incorporando su personal estilo y apostando por sonidos y orquestaciones que se salen de la norma.

Ya de entrada, con el corte que acompaña la introducción, escuchamos que utiliza una sección de viento madera formada exclusivamente por flautas. No dos ni cuatro, sino al menos una docena. Junto a ellas oímos una armónica de cristal, un waterphone –instrumento de varillas metálicas que proporcionan una diversidad de sonidos extraños y en ocasiones escalofriantes-, un acordeón y melodías silbadas por el propio compositor. Algunas sonoridades evocan de forma efectiva al agua del título. En otros casos, como el acordeón, nos trae a la mente un sonido francés que en realidad no viene para nada a cuento, aunque tampoco puede decirse que quede mal o esté fuera de lugar.

En el plano temático, la banda sonora se sustenta sobre tres pilares, tres leitmotivs que podemos escuchar en los tres primeros cortes del score en la edición discográfica -saltándonos la canción que ocupa el segundo lugar del tracklist-. En “The Shape of Water” tenemos lo que podría considerarse tema principal por el simple hecho de llevar el mismo título de la película o por acompañar a los títulos de apertura. La música tiene esa sonoridad acuática comentada gracias a la insólita instrumentación que nos propone el compositor, mientras vemos una habitación inundada y escuchamos la voz del vecino (Richard Jenkins) asumiendo el rol de narrador. Es una pieza que nos transporta de entrada a un mundo de fantasía donde los silbidos y el acordeón aportan color. Lo volvemos a escuchar en “The Silence of Love”, en una escena lluviosa de la segunda mitad del film.

Sin embargo, el auténtico tema principal es el de Elisa, que escuchamos en el cuerto corte del disco, “Elisa’s Theme”. Las flautas crean un juego de armonías en el que participan por momentos el glockenspiel y las arpas, mientras la melodía recae de nuevo sobre el acordeón. Desplat nos describe musicalmente a la protagonista subrayando su ingenuidad, su sencillez, su vitalidad y sus ganas de amar a través de un vals de melodía pegadiza con el que jugará a lo largo de la historia para cargarlo de mayor o menor dramatismo y romance cuando corresponda. Unas veces con piano, otras con acordeón, otras con toda la orquesta, es el leitmotiv más repetido a lo largo de la partitura y el que más se nos queda incrustado entre las neuronas.

Lo escuchamos en cortes como “Elisa and Zelda”, “Egg”, “Underwater Kiss”, “Watching Ruth”, “Overflow of Love” “Without You”, “Rainy Day” y “A Princess Without a Voice”. En algunos de ellos es donde Desplat carga todo el drama y el romanticismo de la historia, con delicadas exposiciones del leimotiv a piano. Son de destacar “Overflow of Love” para la escena del cuarto de baño inundado, y las piezas del clímax final, en este orden: “Without You”, “Rainy Day” y “Underwater Kiss”.

Porque hay que apuntar que la edición discográfica comercial no sigue el orden cronológico de la película, algo que sí hace el promocional FYC, que contiene todo el score y en el orden correcto. Por lo tanto, más útil para hacer una valoración más real de su empleo en el film. Eso sí, el promo no incluye ninguna de las canciones.

La tercera pata del taburete es el tema de la criatura. Puede describirse como un motivo formado por series de tres notas y que con frecuencia nos lo presenta con flautas, especialmente en tonos graves y, en ocasiones, con vibrato. Tenemos unos cuantos ejemplos de su uso en el film, como “The Creature”, al principio de la cinta cuando llega al laboratorio el tanque de agua que contiene al ser anfibio; “Fingers” cuando Elisa y Zelda encuentran los dedos seccionados de Strickland; “Egg”, en el primer contacto cara a cara de Elisa y la criatura; en algunos pasajes de “The Escape”, el corte más largo, que acompaña el rescate del bicho; o en el climático “Rainy Day”, en el que el compositor fusiona los temas de la pareja protagonista en clave dramática.

A pesar de la curiosa elección de instrumentos, la música en general suena a cine de la época dorada. Fragmentos como “Watching Ruth” –que precisamente suena en una escena dentro del cine situado bajo el piso de Elisa-, “Overflow of Love”, “Without You” o “A Princess Without a Voice” nos trasladan en el tiempo a décadas pasadas en las que la música de cine conectaba emocionalmente con el espectador y estaba muy alejada todavía de esa especie de diseño sonoro árido y frío que puebla hoy día algunos -demasiados, tal vez- trabajos para la gran pantalla.

Algunas piezas se desmarcan del tono general dramático y emocional de la partitura. La tensión y la acción abarcan gran parte del citado “The Escape”, donde Desplat trabaja la percusión y las combinaciones de instrumentos en una tónica parecida a lo que hizo en The Ghost Writer. Otros cortes relacionados con el villano o la trama de espías rusos suenan más oscuros y cargados de misterio, caso de “Spy Meeting”, “Five Stars General”, “Decency”, “This Isn’t Good” o “He’s Coming for You”, aunque tampoco se alejan del sonido a cine clásico que mencionaba antes.

La edición discográfica incluye unas cuantas canciones utilizadas en el film, algunas procedentes de películas de la época o anteriores, como “A Summer Place”, de Max Steiner, interpretada por Andy Williams, y en especial “You’ll Never Know You”, de la película Hello, Frisco, Hello (1943), en una nueva versión a cargo de la soprano Renée Fleming.

Desplat siempre me ha parecido un compositor supercompleto y sus obras están dotadas de una exquisita elegancia, pero en general pocas veces ha conseguido transmitirme emociones de esas que te ponen los vellos de punta. Debo reconocer que esta vez sí que lo ha conseguido.

En conclusión, y como decía al principio, The Shape of Water, además acaparar nada menos que 13 nominaciones al Oscar, tiene una magnífica banda sonora. Y hasta diría que la candidatura a Mejor Score Original es una de las más probables ganadoras.  En cierto modo, la película rinde homenaje al cine americano de la era dorada, incluido el de serie B, y la música transmite esa idea a la perfección.