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Cold Skin

(La piel fría)
Víctor Reyes
     
Año:   2017
Sello:   Quartet Records
Edición:   Normal
Nº Tracks:   17
Duración:   36:57
     
Ficha IMDB
Web del Compositor
 

 

Reseña por:
Fernando Fernández

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1. Sea Creatures / Never Too Far (2:10)
2. There Is Your Island (2:29)
3. Aidor Vigeland (2:49)
4. Night Visitors (2:23)
5. Desolation / Defense (2:34)
6. Aneris (1:59)
7. Toads! (2:52)
8. Aftermath (2:38)
9. Moaning (2:52)
10. Boat (2:05)
11. Corpses (3:04)
12. Gathering (4:12)
13. Love (2:17)
14. War (2:40)

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“Sea Creatures / Never Too Far”

 

“Love”

 

“War”

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La lección de clase y estilo que nos ofrece Reyes. Jugando en un terreno de juego muy limitado y estrecho, sin embargo, es capaz de mostrarnos cómo las emociones y los sentimientos pueden ser tremendamente amplios y variados. Jugando con las emociones en la propia interpretación de la música y con ligeras variaciones en el tono. Sin necesidad de nunca cruzar la raya hacia el exceso.

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Lo tremendamente discreta que es, en su conjunto, la banda sonora. Una de esas partituras en las que si escuchas mientras se está ocupado haciendo otra cosa, lo normal es que se acabe y no nos demos ni cuenta de que todo está en silencio de nuevo. Música que exige algo más de atención, especialmente en su escucha aislada, porque trabaja a un nivel emocional muy delicado. Y como todo lo delicado, necesita cuidado y atención. Algo que hoy en día no es muy habitual entre las audiencias y aficionados.

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Esa conclusión emocional que es “War”. Pero que funciona dentro de esa limitada paleta de su tono gracias a toda la evolución que la partitura ha ido presentando anteriormente. Su breve duración además hace que no terminemos aburridos y que ese viaje sea breve e intenso, dentro de su delicadeza.

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Nota media: 7,50

Ángel Aylagas (7), Josep Manel Blanch (8), Fernando Fernández (8), Asier G. Senarriaga (7), Óscar Giménez (7), Juan Ramón Hernández (8), Jordi Montaner (7), David Sáiz (8)

 

El terror y el drama cargado de clase y estilo

En muchas ocasiones, especialmente en el cine actual no ligado a los grandes taquillazos o las grandes superproducciones, nos encontramos con historias y películas que rompen esquemas del género establecido. Muchos de ellos acercándolo a otros géneros más tradicionales y convencionales. Lo que suele ser curioso es encontrarse a directores que solíamos tener ligados esos géneros más de serie B, por denominarles de alguna manera, en los mandos de dichos productos. Tal vez como un primer paso, o demostración, por parte de dichos directores de mostrar que son capaces de llegar a un público más tradicional. El problema es que lo habitual suele ser que el experimento no deje satisfecho a ninguno de los dos públicos.

Eso es un poco lo que ocurre con este nuevo proyecto de uno de los “enfants terribles” del cine francés, Xavier Gens. Director de títulos contundentes como Frontier(s) o The Divide, no le hace ascos a meterse en proyectos como Hitman o esta La piel fría. En este caso la adaptación de la conocida novela de claros aires lovecraftianos de Albert Sánchez Piñol, queda un poco desangelada. Especialmente en lo referente a como desarrolla su trama. Una historia cargada de metáfora e imaginería que no termina de convencer del todo y en la que parece que el director está frenando su espíritu más disruptor y agresivo. Una película que me ha recordado muchísimo a la sensación que me quedó cuando su compatriota Alexander Aja decidió encargarse de la adaptación cinematográfica de The 9th Life of Louis Drax, otra película en la que el elemento fantástico termina siendo muy exagerado, frente a la construcción claramente dramática de la historia.

Dicho esto, lo que no puede negarse es la gran calidad de su factura técnica. Especialmente el maravilloso diseño de producción del maestro Gil Parrondo (su último trabajo antes de fallecer el pasado diciembre), la fotografía de Daniel Aranyó y la banda sonora de Víctor Reyes. Y es que en lo referente a su partitura, los que hayan disfrutado de la música del compositor en la premiada The Night Manager o en trabajos como Luces Rojas, Enterrado o Grand Piano, aquí van a encontrar nuevas razones para hacerlo. Eso sí, vaya por delante que es una banda sonora mucho más contenida, dramática y delicada que estas. Pero en la que es fácil reconocer el toque y la clase del compositor, adaptándose al estilo mucho más ambiental y atmosférico que le gusta a su director, sin perder su personalidad.

Como mencionaba la banda sonora es realmente tranquila y delicada. Aunque los trailers y publicidad parecen ofrecernos una película cargada de momentos de acción, en absoluto se refleja esto en la música. Salvo un par de momentos puntuales de cierta intensidad en los que Reyes utilizada una especie de motivo repetitivo de llamada en vientos, con la entrada de la percusión, que escuchamos en “Night Visitors” y en “Toads!”, poco más vamos a escuchar. Evidentemente es la música que representa a esos extraños asaltantes nocturnos que van a encontrarse en esa pérdida isla del fin del mundo. Pero el resultado y contraste con el resto de la banda sonora es realmente interesante y tremendamente efectivo. Son un par de momentos, pero suficientes para hacernos retomar atención e interés en la música.

El resto de la banda sonora, sin embargo, se mueve mucho más entre el tono evocador y triste de la evidente soledad y aislamiento de sus protagonistas, como entre un cierto tono más emocional y delicado en ciertos momentos. Realmente es una línea muy fina la que separa ambos tonos musicales que estoy mencionando. Y probablemente en otras manos, la banda sonora hubiese sido más impersonal y oscura. Sin embargo, Reyes consigue perfectamente que percibamos la diferencia entre ambos extremos a través de la música. El más destacado es el tema principal que escucharemos en “Sea Creatures /Never Too Far”. Conducido por esa solitaria voz que crea un motivo enormemente evocador de la soledad y aislamiento que mencionaba antes. Sobre dicho motivo, la orquesta va entrando de manera muy cuidadosa y delicada con un cierto tono creciente de intensidad. El resultado es una inmediata sensación de melancolía y tristeza, probablemente expresión de la soledad que trae consigo el encierro en esta prisión de roca. Este motivo de soledad, tampoco lo utiliza en exceso. No volvemos a escucharlo hasta la parte final de la partitura en “Gathering”.

La música de Reyes es tan delicada que en varias ocasiones no tiene miedo incluso de caer en el silencio y volver a retomar la música tras un breve instante de pausa. Como os decía la música es realmente cuidada en ese sentido. Tan cuidada que es difícil que nos demos cuenta de hacia dónde nos está llevando. En un inicio juega con esa delicadez, soledad y aislamiento proporcionándole el toque de misterio, de estar en un lugar extraño y desconocido, consiguiendo llevarnos de la mano a este mundo con piezas como “There Is Your Island” o “Aidor Vigeland”. Y además lo hace con un ritmo en su música, similar al de las olas que golpean la isla. Yendo y viniendo acompasadamente, casi hipnotizándonos.

Pero poco a poco la música también va intercalando una sensación de tensión y expectación sobre todo lo que está pasando, con momentos como “Desolation / Defense”, que va tornándose progresivamente más triste desde la aparición de “Aneris” (el que quiera una pista que lea este nombre al revés). Este personaje varía la trama del enfrentamiento, creando un triángulo emocional que presenta un tono mucho más cargado de tristeza y pesadumbre. Es cuando nos encontramos momentos como “Aftermath”, “Moaning” o “Boat”. Pero en los que la aparición discreta del piano consigue cargarle de un pequeño punto emocional. Es como si dentro de esa pesadumbre exista algo que pueda ofrecer esa pequeña píldora de esperanza y redención a la situación que está planteada.

Y es que sin quererlo, y caminando con mucho cuidado sobre esa fina línea que hace que la música, inicialmente, parezca monótona y dramática, Reyes consigue que esas delicadas sensaciones vayan evolucionando de manera muy cuidadosa. Hasta tal punto que converjan en un final realmente brillante y emocional, sin nunca salirse de ese tono de delicadeza con el que la música se nos ha ido presentando. De manera que la partitura no tiene problema en presentarnos una conclusión tremendamente satisfactoria. Primero con esa pieza realmente sentida y evocadora que es “Love”, con los metales proporcionando ese cierto brillo cargado de honor y coraje. Y finalmente con la maravillosa “War”. Una pieza que es, indudablemente, la más emocional de toda la banda sonora. Donde se puede apreciar como ese sólo violín se encuentra cargado de mucha más fuerza e intensidad, rodeado por una orquesta que, a manera de olas chocando contra las rocas, proporciona una maravillosa conclusión.

Una banda sonora que probablemente, si no se la presta más atención y uno no se deja llevar de la mano por Víctor Reyes pase muy desapercibida en una escucha aislada. Principalmente por ese estilo delicado y cuidadoso que utiliza a la hora de presentar la partitura. A los que estén esperando un oscuro y gótico acompañamiento a la historia, que se vayan olvidando. Aquí la música ha preferido posicionarse en el terreno metafórico de la trama. En el aislamiento, la soledad, el enfrentamiento a lo desconocido y a la posibilidad de encontrar esperanza en el lugar más extraño. Pero el compositor consigue convencer. Nos dejamos llevar en este viaje porque confiamos en el final que vamos a alcanzar. Aunque sea un animal de diferente corte y estilo al que podíamos esperarnos inicialmente. Pero esa sorpresa merece la pena.