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Wonder

Marcelo Zarvos
     
Año:   2017
Sello:   Milan Records
Edición:   Normal
Nº Tracks:   21
Duración:   50:30
     
Ficha IMDB
Web del Compositor
 

 

Reseña por:
Fernando Fernández

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1. We’re Going To Be Friends (2:22)
2. Ordinary Kid (4:23)
3. The First Day (2:34)
4. Darker (2:56)
5. Shoes (1:38)
6. Class Photo (3:51)
7. Pop Quiz (1:34)
8. Halloween (1:18)
9. Monster Mash (feat. The Crypt-Kickers) (3:12)
10. Winter (3:29)
11. Via (1:31)
12. Coney Island (1:30)
13. Break the Rules (2:00)
14. The Other First Day (1:18)
15. Letters (1:22)
16. Spring (1:20)
17. We’re Going To Be Friends (3:01)
18. Camera Obscura (1:36)
19. Graduation (1:00)
20. Moth’s Wings (4:16)
21. Wonder (4:26)

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“Ordinary Kid”

 

“Spring”

 

“Graduation”

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El carácter de tono vivo y alegre, a pesar del tema tratado, aunque siempre moviéndose en un terreno muy delicado. Pero le proporciona una viveza y emoción muy interesante a la banda sonora.

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La poca variedad y desarrollo que aporta. Sigue las pautas esperables en estilo y tono, pero tampoco aporta un tema que sea especialmente memorable. O eleva el tono y las emociones a las nubes. Se queda en un terreno muy sutil y pequeño, de carácter y sonido de película independiente más que otra cosa.

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La parte inicial con la presentación del tono más general de la banda sonora y los momentos más variados y vitalistas de la misma.

BSOSpirit opina

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Nota media: 6,87

Ángel Aylagas (6), Fernando Fernández (8), Asier G. Senarriaga (7), Óscar Giménez (7), Juan Ramón Hernández (7), Antonio Miranda (6), Jordi Montaner (7), David Sáiz (7)

 

Los dramas familiares también pueden utilizar música vitalista

Cuando se acercan las fechas navideñas, las salas empiezan a sobrecargarse de películas familiares, que suelen acompañar a las grandes aventuras y la animación. Es lo que hay. Son fechas donde la familia se reúne y se aprovecha para disfrutar de cine, en este caso, además, una de esas habituales películas de productora que se ponen en marcha con un presupuesto más que holgado, habitualmente avalado por un reparto ciertamente interesante. En esta ocasión son Owen Wilson y Julia Roberts los que se encargan de convertirse en los padres de un niño con una deformación craneal denominada síndrome de Treacher Collins. El punto de inflexión que sirve de generador de drama y guión de la película es la necesidad del niño de acudir a un colegio normal, algo que no había hecho hasta entonces y que llena de miedo tanto a padres como a niño.

Aunque muchos enseguida se han apresurado a compararla con el Mask de Peter Bogdanovich, la película no tiene en absoluto nada que ver más allá del joven con una enfermedad terrible. De parecerse, en todo caso, le puedo aceptar que lo haga con los tópicos dramas familiares de la televisión de sobremesa. Pero lo hace con un punto de cierta clase, especialmente con una sensación positiva en su desarrollo, algo que hay que agradecer al director Stephen Chbosky en estos tiempos que corren, que parece que las historias duras y deprimentes son las únicas que merecen ser llevadas al cine. Sin embargo, en esta su segunda película deja entrever cómo, a pesar de un presupuesto más holgado y un reparto importante, sabe manejarse como pez en el agua en el terreno del cine más independiente. Especialmente tras el cierto éxito conseguido con The Perks of Being a Wallflower. Porque es el carácter que le imprime a esta película, lo cual la favorece bastante.

En este sentido, aprovechando la experiencia del director en ese terreno del cine independiente, no tiene problemas en continuar con esa misma línea en los aspectos técnicos de la misma. Entre ellos la banda sonora. A ver, debemos tener en mente que este tipo de historias tiene claro qué estilo y qué botones de la audiencia tocar. La música no es que sea manipuladora, es que tiene que serlo. O de otra manera hace más complicado al público la identificación con las emociones de sus personajes. Pero precisamente por esa misma razón no tiene sentido acusarlas de ello. Simplemente ver de qué manera encajan todas las piezas de ese puzzle. Y que no haya ninguna que desentone demasiado.

Siendo el brasileño Marcelo Zarvos quien se pone a los mandos de la partitura, podemos hacernos una idea clara lo que vamos a escuchar. Siempre ha mostrado un estilo muy contenido y cuidado. No suele destacar por sus grandes piezas sobrecargadas, sino todo lo contrario. Y la verdad es que en esta ocasión posiblemente haya compuesto una de sus partituras más pequeñas y delicadas. En esta ocasión entra de lleno en un terreno especialmente emocional y delicado, en el que tanto piano como guitarra acústica se encargan de dar color y estilo a música y melodías.

Desde la pieza inicial se introduce el estilo y carácter de la banda sonora. La música, por el tema que trata y los miedos del protagonista, podía posicionarse en un estilo más introspectivo y triste. Sin embargo, desde los primeros acordes de “Ordinary Kid”, especialmente con la entrada del piano y las cuerdas, la partitura tiene un tono vital y brillante que favorece el disfrute de la escucha. Zarvos introduce un tema principal lleno de vitalidad y ritmo, con una sensación de ir hacia delante, a disfrutar de la vida realmente contagiosa. Varias de las piezas contienen música que acompaña al pequeño protagonista a enfrentarse con esos pequeños retos diarios a los que se enfrenta en la escuela. A veces con pequeños apuntes más delicados como “Class Photo” o “Halloween”, y otros mucho más activos y modernos debido a la presencia más destacada de la guitarra, como “Pop Quiz”. Pero es una música realmente apropiada para darle un carácter moderno y actual a la música, sin sobrecargar en ningún momento las emociones.

La orquestación, con el piano y la guitarra, acercan la partitura de Zarvos al estilo de las diversas canciones que forman parte también de la banda sonora. Unas canciones de estilo claramente acústico e independiente que mantienen el tono de la misma, al margen de que sean The White Stripes, Hannah Faye o Natalie Merchant quienes las interpreten. Es otro elemento que el director también utilizaba estupendamente en su anterior película. Quitando el clásico “Monster Mash” de Bobby Pickett, que parece estar ahí más que nada para acompañar a las escenas de Halloween y crear ese tono infantil entre serio y divertido que tiene la canción, el resto de canciones encajan muy bien en la banda sonora incluso encontrándose entremezcladas con la partitura de Zarvos. Y precisamente son las canciones las que terminan por revitalizar el tono de la música en la película.

Solamente en la parte central de la banda sonora la partitura parece girar hacia un tono más dramático y melancólico con “Winter”. Las notas a piano son mucho más delicadas e incluso rotas, pero ni siquiera la entrada de la guitarra consigue evitar el claro cambio de tono de la partitura. Esto no lo hace algo malo. Todo lo contrario. Precisamente le proporciona un cierto elemento más de interés a la misma. Y tanto “Via” como “Coney Island” parecen mantener ese tono. Aquí es donde más fácilmente nos podemos dar cuenta de que Zarvos juega con los cambios de tempo en la banda sonora. Subidas y bajadas continuas que hacen que la música se mueva entre lo brillante y lo más intimista continuamente. Independientemente de que la música lleve un tono más positivo y emocionante o se encuentre en este apartado más melancólico y frágil. Pero es momentáneo, a partir de “Spring” la música vuelve a retomar ese tono vital y positivo que sirve para darle luminosidad a la partitura. Pequeños crescendos en “Camera Obscura” y la final “Graduation” que le proporcionan a la banda sonora un cierre bonito e interesante, concluyendo con el tema “Wonder”, interpretado por Natalie Merchant

Una bonita banda sonora, de las que se disfrutan de vez en cuando, con melodías y sentimientos claros para conseguir la complicidad del espectador. Probablemente una de las más emocionantes de Marcelo Zarvos, gracias al tono vitalista y positivo que contagia la mayor parte de la misma. Con unas canciones que pueden molestar un poco a los que no les interese más que la partitura instrumental, pero cuyo estilo y presencia no desentonan en absoluto con el conjunto. Y al menos una pequeña muestra de que los dramas familiares pueden, perfectamente, presentarse con un carácter positivo y vital, y no por eso perder fuerza o presencia en la película a la que acompañan. Todo lo contrario.