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Blade Runner 2049

Hans Zimmer, Benjamin Wallfisch
     
Año:   2017
Sello:   Epic
Edición:   Normal
Nº Tracks:   24
Duración:   94:02
     
Ficha IMDB
Web del Compositor
 

 

Reseña por:
Antonio Miranda

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1. 2049 (3:38)
2. Sapper’s Tree (1:37)
3. Flight to LAPD (1:48)
4. Summer Wind (Remastered 2008) (2:55)
5. Rain (2:26)
6. Wallace (5:24)
7. Memory (2:33)
8. Mesa (3:10)
9. Orphanage (1:14)
10. Furnace (3:42)
11. Someone Lived This (3:14)
12. Joi (3:52)
13. Pilot (2:17)
14. Suspicious Minds (4:23)
15. Can’t Help Falling in Love (3:02)
16. One For My Baby (And One More For The Road) (Remastered) (4:24)
17. Hijack (5:33)
18. That’s Why We Believe (3:37)
19. Her Eyes Were Green (6:18)
20. Sea Wall (9:53)
21. All the Best Memories Are Hers (3:22)
22. Tears In The Rain (2:11)
23. Blade Runner (10:06)
24. Almost Human (from the Original Motion Picture Soundtrack Blade Runner 2049) (3:22)

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“2049”

 

“Mesa”

 

“Tears In The Rain”

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La expresividad de la música en pantalla y su adecuación a las imágenes.

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La débil composición de la partitura, lado importantísimo mediante el cual las partituras descriptivas siempre pueden dar un salto de calidad, sin duda. De la misma forma, el límite que el director (y el compositor aceptándolo) impone con la referencia indudable a la música de Vangelis, versión incluida del magnífico y mítico tema “Tears in the Rain”. Jóhannsson, firmemente, no quiso.

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“Mesa”. La melodía que se escucha en el segundo 40, asociada al recuerdo, el sentimiento y la asombrosa percepción visual del mundo Blade Runner, es de lo mejor de la obra y podría haber sido empleada en más parte de la historia y, trabajada acertadamente, completar fragmentos de verdadero sobresaliente.

Unos se van y otros se quedan: ¿quién acierta?

El análisis reposado es la vía más precisa  para degustar y concluir, finalmente, las obras de arte. Esto mismo hemos de hacer para llegar a la resolución más precisa sobre la partitura para Blade Runner 2049 e, igualmente, fue lo que con seguridad llevó al drástico Jóhann Jóhannsson a cumplir su vertiente artística sin modificarla, hacia la composición de Vangelis, para la película de 1982. Por esta razón, por no dejar su batuta en manos de la música del genio griego, el director optó por declinar la propuesta del músico y contratar los rápidos servicios de Hans Zimmer. ¿Quién acierta, Jóhannsson yéndose con su firmeza bajo el brazo o Zimmer aceptando condiciones?

El compositor alemán no termina de despegar a lo largo ya de muchos años atrás. Entre muchas obras de corte medio y bajo parece renacer con una digna de su pasado (Interstellar) o asomar ligeramente al arte interesante, pero sin presenciarse como él bien sabe hacer. La reciente Dunkirk y, ahora, Blade Runner 2049 son el ejemplo más claro. La primera ya quedó explicada en su correspondiente artículo en BSOSpirit. La presente, actualmente en pantalla, nos resulta, reposado su estudio, otra especie de “quiero y no puedo” o, peor sería, “puedo y no quiero”.

El ámbito más pleno, y en el que la partitura sobresale sin duda, es la aplicación práctica a la imagen. El inicio del filme, musicalmente hablando, es potentísimo (“2049”) y de un planteamiento sencillo y fuerte. Al contrario que en Dunkirk (donde el comienzo es de una equivocación absoluta, perdiendo la posibilidad de haberlo hecho de un mérito único por culpa de la música omnipresente desde el primer segundo), el director tiene claro lo que quiere y cómo lo quiere, y el compositor lo ejecuta a la perfección, saliendo esta vez del histrionismo musical que algunas veces el genio alemán provoca con tanto sonido sintetizado. Esta vez, no obstante, consigue una potencia desbordante que, llevada a la práctica mediante notas muy largas de pads, advierte, acompaña y describe el ambiente de la época de forma notable (“Sea Wall”).

La euforia del espectáculo visual de la historia resulta sobresaliente. El filme avanza y pierde; la música se mantiene. Los fragmentos más activos (la mayoría de las veces medidos: “Pilot” y en los segundos de máxima expresión cercanos a fragmentos simplificados de The Dark Knight) realmente aparecen poco en el global de la partitura. Zimmer opta por seguir la línea que Vangelis fabricó e, incluso en momentos de movimiento, sus notas se limitan a la durabilidad y el recuerdo (“Orphanage”). La música en la película ofrece una impresión distinta a la escucha aislada: en ésta pierde el dinamismo de la imagen y el argumento. La euforia que provoca en pantalla queda golpeada cuando comprobamos que el trabajo compositivo es, por momentos, algo limitado, y queda muy pendiente el lado metafórico, abstracto, que Vangelis sí originó. Sin duda, composición por debajo de la de Blade Runner.

El riesgo de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch es notable al incorporar de nuevo motivos ligeramente experimentales y sonidos industriales que alejan sus últimos trabajos de lo melódico y comercial. Es algo de agradecer; no obstante, unas veces por errores de aplicación y otras por falta de composición, sus últimos trabajos quedan algo por debajo de lo que podrían haber sido. Pese a esto, la melodía hace presencia firme un par o tres de veces, bien compactada y con una energía arrolladora y una expresión sobresaliente que provocan auténticos momentos de euforia: “Mesa”. En el visionado, en el instante de la vivencia, sí pareciere ser suficiente el sentimiento experimentado para otorgar una gran valoración a la obra; no obstante (como hemos indicado al inicio), el reposado análisis del global nos deja bastante fríos, ve con seguridad insuficiente el momento de éxtasis y relega a la partitura hasta, simplemente, la aceptabilidad.

El estudio detallado posterior, la escucha aislada y el recuerdo del filme que progresivamente se va diluyendo en aguas turbias, perdiendo muchísima fuerza de la que, en principio, pudiera aparentar, hieren de consideración a una música que lo intenta, que procura mantenerse firme en pro de las imágenes, que lo consigue pero que, curiosamente, incluso en las formas de ritmos sintetizados, tan en principio atractivos, se derrite sin opción. Esperamos con ansia tal vez desmedida y mala (un servidor, sin duda), la llegada de la obra que devuelva a Hans Zimmer donde siempre debe estar: con los más grandes.