Imagen

ImagenImagenImagenImagen

Bitter Harvest

(Cosecha amarga)
Benjamin Wallfisch
     
Año:   2017
Sello:   Varèse Sarabande
Edición:   Normal
Nº Tracks:   28
Duración:   65:43
     
Ficha IMDB
Web del Compositor
 

 

Reseña por:
Óscar Giménez

Imagen

1. Rusalka (4:52)
2. Portrait (2:57)
3. Lake Ritual (1:08)
4. Red Star (1:55)
5. Free Men (2:06)
6. Reign Of Terror (4:31)
7. Leaving The Village (4:05)
8. Ancestors (2:15)
9. Natalka (2:43)
10. Kiev (1:18)
11. Letter From Home (1:53)
12. Sense A Change (0:57)
13. Elegy For Ukraine (2:32)
14. Gulag (3:14)
15. Moonlight (2:29)
16. Letter To Yuri (1:38)
17. Escape (1:16)
18. Women’s Revolt (1:32)
19. Orphans (1:56)
20. The Icon (1:53)
21. Field Ambush (2:14)
22. Smila Is My Home (3:22)
23. Cossack Prayer (2:20)
24. Battle For Ivan (2:17)
25. Phoenix (1:50)
26. River (3:50)
27. In Memoriam (1:12)
28. Bitter Harvest (1:33)

Imagen

Tema de la patria en «Rusalka»

 

Tema de amor en «Natalka»

 

Tema de los niños en «Rusalka»

 

Tema del Holodomor en «In Memoriam»

Imagen
Wallfisch nos presenta un trabajo orquestal muy bien trabajado, con preciosos temas que transmiten perfectamente el mensaje de la película, una banda sonora variada, tanto desde el punto de vista temático como instrumental, y disfrutable al cien por cien.

Imagen
La película deja mucho que desear. Floja y plagada de topicazos. Ni la excelencia de la música la salva.

Imagen
Los dos primeros cortes, “Rusalka” y “Portrait”, resumen bastante bien el material temático que encontraremos en el resto del CD, aunque con un carácter más bucólico y optimista que las versiones más desgarradoras de los mismos leitmotivs que escucharemos más adelante. Evidentemente, las apariciones de la voz de Mariana Sadovska en “Kiev”, “Elegy for Ukraine” o “In Memoriam” también son un plato fuerte de la banda sonora.

BSOSpirit opina

ImagenImagenImagenImagen

Nota media: 7,82

Ángel Aylagas (7), Josep Manel Blanch (8), David Doncel (8), Fernando Fernández (8), Asier G. Senarriaga (8), Óscar Giménez (9), Juan Ramón Hernández (8), David Martínez (7), Antonio Miranda (7), Jordi Montaner (9), David Sáiz (7)

 

Fallido homenaje a las víctimas del holocausto ucraniano

Bitter Harvest (Cosecha amarga) describe uno de los episodios más trágicos y sonrojantes para la especie humana del siglo XX, el llamado Holodomor u “holocausto ucraniano” ordenado por Stalin con intención de matar de hambre a la población ucraniana que necesitaba someter a toda costa. Ocurrió en la década de los treinta y se calcula que acabó con la vida de entre siete y diez millones de personas. Hasta la disgregación de la Unión Soviética en 1991 no se tuvieron datos totalmente precisos de aquel genocidio que las autoridades soviéticas trataron de negar a lo largo de décadas y que Rusia no reconoció oficialmente hasta 2003. Evidentemente, los ucranianos que sobrevivieron sí que lo tuvieron bien presente durante el resto de sus vidas.

El alemán George Mendeluk, muy asentado en trabajos televisivos desde los ochenta, es el director que ha llevado la historia del Holodomor a la gran pantalla, y lo ha hecho con un recurso bastante manido que no es otro que el de presentarnos una historia de amor en un marco trágico. Un recurso visto en Titanic, Pearl Harbour, Nouvelle-France y muchísimas otras que os vendrán sin duda a la cabeza.

Max Irons –quien no parece haber heredado mucho del carisma de su padre Jeremy– es Yuri, un joven campesino descendiente de luchadores rebeldes con más vocación por el arte que por las armas. Samantha Barks, famosa por su papel de Éponine en Los Miserables –tanto en los escenarios como en la pantalla-, es Natalka, la chica de la que se enamora Yuri desde la niñez. Y entre otros encontramos a Terence Stamp en el papel del abuelo revolucionario de Yuri.

El problema del film es que, a pesar del gran drama humano que nos presenta, está resuelto de manera bastante floja y con demasiados clichés. La crítica le ha dado un varapalo considerable y la opinión generalizada es que una tragedia tan brutal merecía una película mucho mejor para servir de homenaje y recuerdo a esos millones de personas que fallecieron de hambre a causa de la tiranía.

No obstante, aunque el resultado fílmico es mediocre –por ser suave-, sí que se salva por completo la partitura escrita por Benjamin Wallfisch, a quien considero –una vez más- uno de los compositores jóvenes con más talento del panorama actual. Es cierto que los clichés que afectan a la película también están presentes en la banda sonora, pero también es verdad que Wallfisch se lo ha currado bien y nos presenta una obra variada, compleja, amena y con una contundente e inevitable carga emocional.

El score de Bitter Harvest es casi cien por cien orquestal, grabado con la Chamber Orchestra of London, con el uso en algunos momentos de instrumentos tradicionales de la zona rusa y ucraniana, como el bayan –similar al acordeón- y el domra –de la familia del laúd-. Por otro lado, aunque en el film se insertan algunas canciones folclóricas, entre ellas la popular “Nad Dunaem”, que aparece como bonus track en la edición digital, interpretada por el cuarteto DakhaBakhra, Wallfisch también ha escrito algunos temas para voz femenina, para lo cual ha contado con la actriz y cantante Mariana Sadovska.

En cuanto a temas, podemos hablar de cuatro que aparecen y reaparecen a lo largo del metraje. Y tres de ellos nos los presenta el compositor en los dos primeros cortes del CD. El primero hace referencia a Ucrania, a la patria, y en ciertos momentos al icono de San Yuri que los aldeanos esconden de los soviéticos y que simboliza en cierto modo su identidad como pueblo. Es el leitmotiv que escuchamos con violín al inicio de “Rusalka”, acompañando bucólicas imágenes de ucranianos felices en época de cosecha, una escena que algún crítico americano, no sin ironía, ha comparado con un anuncio de Sopas Campbell.

Este tema de la patria se utiliza unas cuantas veces. Por ejemplo, reaparece al final del mismo track con un tono épico cuando la familia de Yuri se entera de que los revolucionarios han matado al zar, lo que abre una falsa esperanza de una Ucrania libre. Lo volvemos a escucha en “Ancestors”, referido al mencionado icono de San Yuri, esta vez con bayan y domra, así como en “Letter from Home”, “The Icon”, “Smila Is My Home” –cuando Yuri consigue regresar a su pueblo- o en clave heroica en “Battle for Ivan”, hacia el final de la película.

El segundo tema destacado es el tema de Natalka o tema de amor, una delicada y bonita pieza de carácter romántico que expresa en algunas de sus diversas variaciones el drama y la desesperación que envuelve la historia. Su primera exposición la encontramos en “Portrait”, escena en que un joven Yuri dibuja a su amada y se prometen amor eterno. Se identifica perfectamente a partir de 1:48.

Lo escuchamos también en “Natalka”, en la escena de la estación de tren que enmarca la separación de la pareja. También en “Letter from Home” con flauta solista, en “Moonlight” con violín, en “Letter to Yuri” con violonchelo, y en la última parte de “River” también con violín, poniendo fin a la película  y acentuando el componente emocional.

Hay otro tema dedicado a la pareja protagonista que también resalta la relación romántica desde que eran niños. Es el que identificamos claramente en “Rusalka” a partir de 1:42 y vemos a Yuri y Natalka buceando a cámara lenta, escena que al mismo crítico americano de antes la parecía un anuncio de champú. Aquí la escuchamos con flauta solista y acompañada del arpa. Más adelante la oiremos con otras variaciones, por ejemplo cuando en el momento del reencuentro en “Smila Is My Home”, y protagonizando el corte titulado “Bitter Harvest” que se utiliza en los créditos finales.

El otro leitmotiv recurrente es el que hace uso de la voz de Mariana Sadovska, un canto cargado de dramatismo que refleja el propio genocidio. Acompaña imágenes de pobreza, hambre y muerte, como ocurre en “Kiev”, ciudad a la que acaba de llegar Yuri para encontrarse un panorama desolador, lo mismo que en “Elegy for Ukraine”, “Women’s Revolt”, “Orphans” e “In Memoriam”, pieza esta última que acompaña los típicos rótulos de recapitulación histórica que concluyen casi toda película «basada en hechos reales».

Hay más temas y motivos, aunque con menos protagonismo. Sonoridades graves y amenazadoras suelen acompañar las escenas donde aparece Stalin, así como el cruel comisario que llega al pueblo de Yuri. Hermosas melodías desgarradoras retratan las muertes de algunos personajes secundarios (“Sense a Change”) e incluso coros de tonalidades místicas acompañan la milagrosa supervivencia de otros que se creían muertos (principio de “Reign of Terror”). No falta el toque heroico (“Phoenix”) ni tampoco unos pocos temas o fragmentos dedicados a la acción pura y dura, muy bien trenzados por cierto (“Free Men” para el primer enfrentamiento en el pueblo con el comisario soviético y sus hombres, “Escape” para la huida de Yuri del gulag donde está prisionero, “Field Ambush” para una escena de batalla y “Battle for Ivan” para la pelea climática de la historia).

Como veis, hay uno poco de todo, aunque predomina la carga emocional y dramática. Benjamin Wallfisch, a quien siempre hay que tener en cuenta con cada nuevo encargo, es para mí lo mejor de Bitter Harvest y se ha marcado una banda sonora disfrutable de principio a fin. Recomendable al cien por cien.