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  A Royal Affair

 
Gabriel Yared y Cyrille Aufort
     
Año:   2012
Sello:   MovieScore Media
Edición:   Normal
Nº Tracks:   15
Duración:   36:46
     
Ficha IMDB
 
Web del Compositor
 
 

Reseña por:
Jordi Montaner

 
1. Caroline’s Theme (02:46)
2. King’s Arrival (01:25)
3. Summer Castle (01:01)
4. Inoculation (01:13)
5. Caroline’s Idea (01:50)
6. Love Scene (02:34)
7. Hope Theme (01:38)
8. Queen’s Chamber (03:16)
9. King of Prussia (02:40)
10. We Are a Family (02:11)
11. Revolution (02:30)
12. Christian Signs (02:22)
13. Execution (04:30)
14. Journey of the Letter (03:51)
15. Adagio (02:59)
 
 

«Caroline’s Theme»

«Revolution»

«Execution»

 


Yared suena más Yared que nunca, como si en Aufort hubiera hallado a su media naranja musical.


La lentitud del largometraje lastra la banda sonora.


“Revolution”. Stringendo (con un tempo cada vez más rápido), ritmo obstinado, malabarismo orquestal de base armónica y rítmica con ritmo acéfalo, concerto grosso de orquesta dividida en dos grupos dialogantes. Temazo donde los haya.

 

BSOSpirit opina

Nota media: 7,37
 
David Doncel (9), Asier G. Senarriaga (7), Óscar Giménez (7), David Martínez (7), Jordi Montaner (10), Sergio Rivas (7), David Saiz (6), Jordi Vázquez (6)
 

 
Inmediatez erótica
 

altSören Kierkegaard decía que la esencia de la música reside en su inmediatez erótica. Gabriel Yared es único a la hora de explotar semejante recurso en el cine. En A Royal Affair y en compañía de Cyrille Aufort, Yared vuelve a sus esencias: oboes despuntando en una sección de cuerda, pianos que aportan serenidad a la escena, instrumentación sobria y sublime.

La ocasión es propicia. Se trata de un relato clásico danés reescrito para el cine por Lars von Trier. Vivo retrato de una edad fría y oscura (el grueso de la acción sucede en largos inviernos y en ambientes palaciegos delirantes, decadentes), en la que un médico alemán amigo de Rousseau y de la era de la iluminación y el enciclopedismo recala en el trono de un rey danés desahuciado, mediando en su insufrible dolor de oreja y también en la obstinada soledad de su esposa la reina.

altComo en El paciente inglés, Yared se recrea en un romance prohibido y en todas sus aventuradas consecuencias. El joven doctor Johann Struensee (Mads Mikkelsen) acaba perdidamente enamorado de la reina Carolina (Alicia Vikander), a la que el monarca danés humilla constantemente. La historia es casi una ópera (de hecho, se entreleen pasajes del Rigoletto de Verdi en su composición dramática) y los músicos sacan provecho a la tal licencia.

El guionista de The Girl with a Dragon Tattoo, Nikolaj Arcel, metido ahora a director, saca poco partido a la película, larga en exceso y demasiado tópica (malos muy malos, buenos muy buenos, moralejas costumbristas), pero la música de Yared y Aufort, fiel a la historia que se describe, avanza por otros derroteros.

Un valor cromático en alza

altCompositor francés nacido en 1974, Cyrille Aufort inició su carrera como arreglista de artistas consagrados en el país vecino, como Michel Sardou, Michel Fugain, Charles Aznavour o Philippe Lavil. Ha orquestado diversas bandas sonoras, antes de asumir sus propios trabajos, y no es fruto de casualidades que acabe codeándose con Gabriel Yared en la creación de partituras para un drama histórico.

Aufort colecciona méritos reconocidos por los conservatorios de París y Lyon. Su BSO más emblemática por el momento es Splice, pero Aufort es el músico más joven nominado a los premios France MusiqueSACEM (2011). En calidad de compositor de bandas sonoras, ha orquestado incontables partituras de Alexandre Desplat y ha creado músicas para un buen surtido de trabajos documentales.

Se confiesa “herrmanniano hasta la médula”. Tiene por patrón de música de cine el glissando de cuerdas que Herrmann creó para la escena de la ducha de Psycho.

Su aportación a A Royal Affair se inscribe en adagios lentos, entre andantes y graves, y un dibujo melódico arrobado por razón de la dulzura y sublimidad con la que Yared mima sus piezas. Aborda un tono de dramatismo intenso fiel a Leibnitz y a su noción de la armonía preestablecida, con melodías e intervalos de efecto contrastado, soberbias dobles fugas; una textura sonora rica y compacta, pasando en ocasiones del modo menor al mayor, de la aflicción a la serenidad.

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