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Birth of the Dragon

H. Scott Salinas, Reza Safinia
     
Año:   2017
Sello:   Lakeshore Records
Edición:   Digital
Nº Tracks:   22
Duración:   47:12
     
Ficha IMDB
Web del Compositor
 

 

Reseña por:
Fernando Fernández

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1. Prelude into China Fight (3:21)
2. Wong Jack Man Arrives (1:03)
3. Meeting Bruce (3:18)
4. Chip on Your Shoulder (1:30)
5. The Exhibition (1:50)
6. Auntie Blossom Suite (3:32)
7. Kong Fu Comes from Within (2:37)
8. China Flashback (1:02)
9. Show Me Your Attacks (1:38)
10. Bruce Opens Up (1:49)
11. Training Montage (2:53)
12. The Challenge (2:03)
13. Wong Is Ashamed (1:33)
14. Far from Shaolin (2:14)
15. There to Kill Him (1:15)
16. Stand and Fight (2:30)
17. The Jump (1:32)
18. It’s Over (2:06)
19. Masters Make a Choice (2:56)
20. Dining Room Fight (1:39)
21. Casino Fight (2:41)
22. End Credits (2:19)

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“Prelude into China Fight”

 

“Kong Fu Comes from Within”

 

“End Credits”

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La personalización que hace la música de los bandos principales de la historia y cómo cada compositor ha sabido aportar sus habilidades más destacadas para contar “su versión” de esta historia en un conjunto realmente efectivo.

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La repentina presentación del sonido más agresivo en ciertas ocasiones, lo que hace difícil disfrutar de una escucha aislada de la banda sonora. Momentos como “Training Montage”, aunque electrónico, encaja bien al tratarse de un momento y montaje aislado y especial. Pero la brutal transición entre la ambiental “Masters Make a Choice” y la potente y distorsionante “Dining Room Fight” puede ser difícil para muchos paladares. Incluso a pesar de su crescendo.

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Probablemente el bloque emocional final que conforman desde “Kong Fu Comes from Within” hasta “Bruce Opens Up”. Un conjunto que se convierte en, prácticamente, el reducto final de la parte más emocional y nostálgica de la banda sonora, para ir dando entrada poco a poco a la intensidad de la electrónica.

El enfrentamiento de lo clásico vs lo moderno

¡Cómo ha cambiado el mundo del cine especialmente con referencia a las películas de kung-fu! Lo que en los 70 se convirtió casi en el epítome del cine de acción pura ahora es un recuerdo melancólico de una época y de unos gustos personales de la juventud. Gusto que originó rebrotes y coletazos míticos en los 80, pero que, exceptuando otros brotes “modernos” y de estética juvenil videoclipera que podemos encontrarnos en algún canal de televisión, poco queda ya en el cine occidental. Lo más habitual que llega a nuestras carteleras suelen ser más detalles “orientales” que incluyen algunos títulos para dar color folclórico en el actual cine de acción, o películas que retoman alguna figura o momento icónicos de este género.

Es en este último círculo donde se mueve Birth of the Dragon, la nueva película del director Georg Nolfi (Destino Oculto, Allegiance), casi más reconocido por ser el guionista responsable de películas como Ocean’s Twelve o El Ultimatum de Bourne. En esta ocasión el director se centra en el legendario e icónico enfrentamiento que se produjo en los años 60 entre el gran maestro Wong Jack Man y un desconocido, por entonces, llamado Bruce Lee. Un enfrentamiento del que sólo existen testigos orales y que desembocó en un final desastroso para Man, que terminó huyendo frente al brutal ataque de Lee. La película aprovecha esta anécdota como pequeña excusa para realizar una visión actual y modernizada de esas películas de kung-fu en sesión doble que marcaron época. Un carácter que también se traslada a la banda sonora que acompaña a dicha historia, compuesta en equipo por el experto en electrónica Reza Safinia y el brillante ganador del último Premio Jerry Goldsmith al Mejor Compositor, H. Scott Salinas.

Ambos son dos músicos que sirven de muestra y escaparate, en buen sentido, de muchas de las características que se pueden encontrar en las actuales bandas sonoras. Por un lado, la continua búsqueda de una combinación tanto de elementos acústicos tradicionales como de elementos electrónicos y experimentales. Y por otro, el detallado conocimiento, con clara sensación de deuda y homenaje, de los compositores clásicos y las partituras para el audiovisual que han sido su mayor influencia. Todo esto es algo que se encuentra en Birth of the Dragon, una partitura que probablemente sea difícil que contente a muchos, pero que contiene suficientes elementos (tanto clásicos como modernos) como para hacerla interesante si se le presta atención.

La colaboración de los dos compositores se produjo de una manera casual y natural, ya que ambos se han conocían previamente en el ámbito personal y profesional. Pero fue su cariño hacia el cine de “kung-fu”, así como la relación de Salinas con el director (a través de su colaboración previa en la serie de TV Allegiance) lo que hizo que terminaran siendo responsables de su banda sonora. Un trabajo que realizaron a lo largo de tres semanas y que nos presenta una partitura con muchos elementos actuales, que la convierten en un híbrido de técnicas clásicas y modernas que funciona muy bien en ocasiones. Pero que probablemente asuste a los amantes del tono más clásico de la música para el audiovisual. Especialmente en su escucha aislada.

A diferencia de algunas composiciones modernas que combinan orquesta y electrónica de manera fluida, en un cóctel musical más homogéneo, en esta ocasión los estilos se aprecian más claramente enfrentados y separados entre sí. Eso no quiere decir que la partitura peque de falta de homogeneidad. Es fácil apreciar cómo momentos más acústicos y orquestales incluyen refuerzos y colores electrónicos, al igual que momentos fuertemente electrónicos no huyen de incorporar un refuerzo orquestal evidente, sino que en esta ocasión parece algo más buscado a propósito. Una especie de refuerzo sonoro de ese enfrentamiento entre los dos maestros: el veterano y el recién llegado. Este concepto es el que consigue que resultado final sea muy interesante. Con algún momento brillante, favorecido por el contraste entre las diferentes características puestas en juego de ambos compositores.

El tono general de la banda sonora va sufriendo una evidente evolución en la presentación de su equilibrio de ambos espectros musicales. Con un inicio en el que el tono más clásico de la música, cargado de cierta melancolía y emoción, es el más presente y evidente; pero es un tono que va perdiendo fuerza y presencia frente al más electrónico y agresivo con el que termina concluyendo la partitura en esta presentación comercial. El mismo prólogo de inicio (“Prelude in China Fight”) sirve de perfecta carta de presentación de esta estructura e intenciones de lo que nos vamos a encontrar a continuación. Con ese comienzo clásico y melódico, interrumpido por un ritmo electrónico que va creciendo hasta introducir una guitarra eléctrica que le proporciona un toque setentero y muy moderno a la misma. Y además, presentando diversos elementos étnicos acústicos en percusión y viento, que dan el apropiado contexto cultural y de entorno que necesita la historia. Pero todo esto, sin olvidar proporcionar un interesante elemento de emoción a la música.

Es en estos terrenos donde ambos compositores van a ir aportando música y estilos enfrentados que, en momentos, pueden chirriar un poco. Especialmente por lo abrupto de su introducción. Uno de los más evidentes es “Training Montage”, una de esas piezas que, claramente, acompaña un montaje rítmico de imágenes en la película, pero cuyo tono puramente electrónico, ambiental y casi industrial rompe de manera radical el tono que había mantenido la banda sonora. Eso no quiere decir que no hubiese electrónica en primer plano anteriormente. “Meeting Bruce”, “The Exhibition” o “Auntie Blossom Suite” introducen elementos electrónicos, pero de una manera delicada y emocional. Muy trabajados e incorporados junto a los orquestales. Incluso cuando presentan sonidos más experimentales, como esa especie de efecto de agua llenando un vaso en “Meeting Bruce” (no sé si tendrá que ver con el famoso discurso “Be water, my friend” realizado por Lee, y que se hizo popular hace unos años). El resultado es un sonido que recuerda bastante al que Thomas Newman utiliza en sus bandas sonoras más experimentales.

Estos momentos más disruptivos son los que van a exigir una mayor colaboración por parte del aficionado en su escucha aislada. Especialmente cuando la música también entra en terrenos más atmosféricos y de tensión creciente. Momentos que proporcionan mucha fuerza y acción como en “There to Kill Him” o “It’s Over”, pero que son menos interesantes cuando se quedan en ese tono ambiental de “Stand and Fight” o “Masters Make a Choice”. Pero es que en esta parte final la banda sonora pierde buena parte de la emoción y melancolía inicial con la que contaba, y se va convirtiendo en un crescendo brutal de electrónica y fuerza (con mucho aire setentero muy modernizado) que es con el que concluye la banda sonora. Esa guitarra eléctrica distorsionada y cargada de “wah-wahs” de “Dining Room Fight” es sólo el prólogo de un final que acaba completamente con lo clásico y convencional en la conclusión que presentan “Casino Fight” y “End Credits”.

Ahora que todos los aficionados ya estarán asustados de lo que van a encontrarse, no deben olvidar que, además, buena parte de la partitura también sigue una pauta muy clásica y orquestal. Con los elementos electrónicos tomando un cariz también emocional o algo más secundario en muchas ocasiones. Desde la delicada “A Chip On Your Shoulder” con piano y electrónica presentando un conjunto muy emocionante, o “Kong Fu Comes from Within” y “China Flashback” acompañados por el tono melancólico del erhu y las cuerdas. Toda una colección de momentos y sensaciones que, seguro, harán disfrutar a los aficionados acostumbrados a material más clásico y melódico.

Y es que tanto Salinas como Safinia lo que nos han presentado es una estupenda imagen sonora de lo que la leyenda tras este enfrentamiento representó en su época. Lo que el boca a boca de un suceso del que solo unos pocos fueron testigos, pero que el tiempo se ha encargado de agrandar hasta convertirlo en legendario. La manera en que el joven y moderno Lee destrozó brutalmente al maestro que le acusó de simplificar y occidentalizar las artes marciales. Hasta el punto de hacerle huir y desaparecer. Esta es la historia, presentada a través de su banda sonora, con la música recargando la electrónica y su fuerza, para terminar ahogando a la orquesta, las emociones y el recuerdo de lo clásico. La nostalgia de los inicios frente a la dura realidad actual. En ese sentido, todo un triunfo de los compositores.