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  Stoker

(Título Español)
Clint Mansell
     
Año:   2013
Sello:   Milan
Edición:   Normal
Nº Tracks:   18
Duración:   53:42
     
Ficha IMDB
 
 
 
 

Reseña por:
Jordi Montaner

 
1. I’m Not Formed by Things That Are of Myself Alone [monologue] (01:08)
Mia Wasikowaska
2. Becomes the Color (04:43)
Emily Wells
3. Happy Birthday (A Death in the Family) (01:24)
4. Uncle Charlie (03:39)
5. A Whistling Tune from a Lonely Man (00:39)
Hudson Thames
6. The Hunter and the Game (03:51)
7. Blossoming… (02:24)
8. Summer Wine (03:38)
Nancy Sinatra and Lee Hazlewood
Written by Lee Hazlewood
9. A Family Affair (02:57)
10. Becoming… (05:30)
11. Duet (02:45)
Sugar Vendil and Trevor Gureckis
Written by Philip Glass
12. Crawford Institute (Family Secrets) (04:55)
13. Stride La Vampa (from Il Trovatore) (02:44)
Viorica Cortze
Written by Giuseppe Verdi
14. The Hunter Plays the Game (03:20)
15. In Full Bloom (02:33)
16. The Hunter Becomes the Game (02:38)
17. We Are Not Responsible for Who We Come To Be (Free) (02:47)
18. If I Ever Had a Heart (02:07)
Emily Wells and Clint Mansell
 
Tracks 3, 4, 6, 7, 9, 10, 12-18 de Clint Mansell
 

“Blossoming”

“Duet”

“We Are Not Responsible for Who We Come to Be”

 


La uniformidad de tono y estilo en todo el disco (en bandas sonoras, pocos discos resultan tan redondos).


Mansell se muestra demasiado discreto. Su música, aun con papel protagonista, queda siempre en segundo plano, por detrás de la narración y los temas impuestos.


“The Duet”. Es la escena obligada de la película. Una seducción, un “acoso y derribo” sexual ejercitado sobre unos teclados (con música de Philip Glass) y a cuatro manos… ¡Arrebatador! 

BSOSpirit opina

Nota media: 5,83
 
Ángel Aylagas (6), Fernando Fernández (5), Asier G. Senarriaga (6), Óscar Giménez (6), David Martínez (4), David Sáiz (8)
 

 
Un soneto gótico
 

altEsta película, como su banda sonora, tiene un precedente inequívoco en The Lovely Bones, un thriller poético sobre interioridades de adolescencia firmado por Peter Jackson y musicado por Brian Eno. Bajo una cuidada producción a cargo de los hermanos Scott, el surcoreano Park Chan-Wook (Lady Vengeance) recompone un argumento parecido aunque en un ambiente mucho más oscuro y siniestro, gótico.

En un tono muy parecido al de The Black Swan (Darren Aronofsky), Clint Mansell ajusta sus composiciones a los diferentes contrapuntos del guión. La protagonista es una adolescente (Mia Waskowska) de perfil psicológico muy frágil y de cualidades expresivas fascinantes. Su cuerpo tiene una edad certificada de veinteañera, pero su temperamento sigue anclado en la infancia y su alma cuenta siglos enteros…

altEntre las canciones “Summer Wine” y “Becomes the Color”, una pulcra unidad de estilo acerca los años sesenta al tiempo presente con depurada eficacia. El espectador viaja de superficial a profundo, no de lejos a cerca. Como Herrmann, Mansell incluye en su partitura un ejercicio de estilo sobre tensión psicológica con solo una estrofa silbada por Matthew Goode. El tono es el subtexto mismo; bajo una apariencia de franqueza, de normalidad cotidiana o de pasmo doméstico, subyace un secreto que sólo aparecerá desvelado al final. La música de Mansell (algo que Park Chan-Wood ilustra hasta con imágenes surrealistas) tiene el inquietante objetivo de subirse por las piernas de la protagonista como una araña. Temes acometerla, pero te inquieta su avance y lo que pueda pasar al final…  

altPiano, guitarra, flauta, violín y orquesta ejercen un cosquilleo oscuro, místico, que eriza la piel y acaba por resultar escalofriante. Mansell serpentea por lo no dicho, lo no enunciado, como las sombras del conde Drácula de Coppola; lo hace a un antojo que no se corresponde exactamente con lo mostrado en las imágenes.

altEl piano, además, ejerce un papel erótico como en la película homónima de Jane Campion (con música de Michael Nyman). La protagonista se encela en un solo de piano al que acuden por detrás, en un abrazo, las manos de su misterioso tío. Las octavas van creciendo al ritmo de la temperatura sensual hasta culminar en un ejercicio orgásmico que rubrica nada más y nada menos que Philip Glass. Mansell permite a Glass asumir el latido poético de esta historia sin más trascendencia que la de un ejercicio de estilo sobresaliente.