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  The Black Dahlia

(La Dalia Negra)
Mark Isham
     
Año:   2006
Sello:   Silva Screen
Edición:   Normal
Nº Tracks:   15
Duración:   48:02
     
Ficha IMDB
 
Web del Compositor
 
 

Reseña por:
Óscar Giménez

 
1. The Black Dahlia-The Zoot Suit Riots (2:14)
2. At Norton and Coliseum (4:06)
3. The Dahlia (3:08)
4. The Two of Us (3:36)
5. Mr. Fire versus Mr. Ice (3:15)
6. Madeline (3:05)
7. Dwight and Kay (3:11)
8. Hollywoodland (2:53)
9. Red Arrow Inn (1:35)
10. Men Who Feed on Others (4:24)
11. Super Cops (2:00)
12. Death at the Olympic (3:32)
13. No Other Way (2:06)
14. Betty Short (2:16)
15. Nothing Stays Buried Forever (6:26)
 
 

Tema de la Dalia Negra en «The Black Dahlia-The Zoot Suit Riot»

Tema de Bucky «Nothing Stays Buried Forever»

«Super Cops»

 


La trompeta de Isham, triste o sensual según convenga, la melodía de piano de «Super Cops» y la energía percusiva de los temas de acción.


Que el relativo fracaso de la película para crítica y público afecte a la valoración de la banda sonora de cara a los Oscar. Esperemos que no sea así.


La trompeta interpretando dramáticamente el tema de Bucky en el corte «No Other Way».

 
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Una historia verdadera
     

Violada, golpeada, lacerada, destripada y cortada en dos por la cintura. Su boca había sido también cortada para que pareciera tener una sonrisa eterna, como el Joker más o menos. Así se encontró a la aspirante a actriz Elizabeth Short en un descampado de Los Angeles el 15 de enero de 1947. La brutalidad del crimen sacudió la conciencia colectiva de la ciudad y, por extensión, del pueblo americano. Aquella joven de Massachusetts que quería ser famosa lo acabó siendo, pero por motivos muy distintos de los que pretendía. La prensa sensacionalista la bautizó como la «Dalia Negra» -un año antes se había estrenado la película La dalia azul, un film noir de George Marshall, con guión del inolvidable Raymond Chandler, sobre el asesinato de una esposa infiel (Veronica Lake), del que es sospechoso su marido (Alan Ladd)-. El crimen de la Dalia Negra disparó todo tipo de especulaciones, pero la policía nunca encontró al asesino. Todo ello ha hecho de este asesinato una especie de mito, un «crimen de culto», a lo largo de los últimos 60 años.

James Ellroy, un obseso del crimen

En 1987 James Ellroy publicó La Dalia Negra, primera de las cuatro novelas policíacas que conforman el llamado «Cuarteto de Los Angeles». Las otras tres son El gran desiertoL.A. Confidential y Jazz blanco.

Considerado como uno de los más destacados autores de novela negra contemporánea, Ellroy es un tipo muy peculiar, por decirlo suavemente. Su madre fue también asesinada en 1958 cuando él tenía 10 años, un crimen que tampoco resolvió el Departamento de Policía de Los Angeles. Esta trágica pérdida marcó la vida del joven James, quien se convirtió en un delincuente drogadicto y alcohólico, tal como explica en su autobiografía Mis rincones oscuros, publicada en 1996. No fue raro que acabara en la cárcel.

Sin embargo, su obsesión por el asesinato de su madre se extendió al interés por otros crímenes y por las novelas policíacas. Un libro que le influyó determinantemente fue una historia del Departamento de Policía de Los Angeles en el que descubrió la historia del caso de la Dalia Negra, crimen que se convirtió para él en una obsesión.

La personalidad atormentada de Ellroy comenzó a redimirse cuando abandonó la bebida a finales de los setenta. Más tarde, escribir sobre asesinatos le sirvió de terapia. Su primera novela fue Réquiem por Brown. Después de publicar unas cuantas más, se metió de lleno con La Dalia Negra, relato que dedicó a la memoria de su madre. A partir de ahí llegó el reconocimiento literario. Completó el «Cuarteto de Los Angeles» e inició la llamada«Trilogía Americana» –AméricaSeis de los grandes y Destino: la morgue-, en la que mezcla realidad y ficción para relatar los grandes acontecimientos de los años sesenta en Estados Unidos.

Personalmente, las cuatro novelas del «Cuarteto de Los Angeles» me parecen excelentes, muy absorbentes y muy bien construidas. Todo lo contrario que la «Trilogía Americana», que pudo con mi paciencia de lector y dejé a medias tras leer cientos de frases cortas, de apenas tres o cuatro palabras cada una, y con una forma de desarrollar las tramas tan críptica que uno tenía que leer con la máxima concentración para ir entendiendo algo, no mucho.

El lenguaje de Ellroy en sus novelas policíacas es duro. Sus frases son cortantes como el filo de una navaja. Sus tramas muy complicadas, con docenas de personajes que interactúan entre sí y muchas líneas argumentales con las que va montando extensos rompecabezas. El asesinato, la corrupción policial y política, los actos de la mafia, las drogas y la prostitución están constantemente presentes en la narración. Y La Dalia Negra es un perfecto ejemplo de todo eso, un relato que mezcla personajes reales con ficticios para proponer una solución –hipotética y sin ninguna pretensión de que sea la verdadera- al caso de aquella joven que acabó descuartizada en un solar cercano a la Meca del Cine.

La película o lo que pudo haber sido y no fue

En 1997 Curtis Hanson demostró que el material de Ellroy puede ser magnífico para llevar a la gran pantalla. L.A. Confidential es para mí –y conozco a más de uno que comparte mi opinión, afortunadamente- una de las mejores películas de la década de los noventa. De no haberse cruzado con el Titanic de Cameron en la carrera por los Oscar, estaríamos hablando de una de las producciones más premiadas por la Academia. Al final acabó con dos estatuillas, una para la reemergente Kim Basinger como actriz de reparto, y otra, más que merecida, para Curtis Hanson y Brian Helgeland por el guión adaptado. Supieron desestructurar todas las piezas de novela de Ellroy, que abarca ocho años de historia y tiene casi un centenar de personajes, para crear un puzzle nuevo, resumido, pero en el que encajaban perfectamente las nuevas piezas, dotando a la película de ritmo, continuidad y coherencia. Y además con actuaciones de quitarse el sombrero.

En el caso de La Dalia Negra, dirigida por Brian de PalmaUniversal nos la vende como la nueva película del director de Scarface y del escritor de L.A. Confidential. Como carta de presentación, no está nada mal, pero a la hora de la verdad hay más cosas que fallan y no tantas que funcionan.

Cierto que el trabajo de fotografía de Vilmos Zsigmond y la dirección artística de Dante Ferretti rozan lo impecable –de la banda sonora escribiré más adelante-, pero el guión no consigue encajar con solvencia todas las piezas del complejo puzzle. Por mucho material que el guionista Josh Friedman haya eliminado de la novela original, hay muchas tramas paralelas, algunas posiblemente prescindibles, que dan lugar a una palabra que no le va nada bien a las historias de misterio: incoherencia.

Aparte del protagonismo que tiene en sí el propio crimen, del que tenemos noticia bastante avanzada la película, la historia retrata la relación de dos detectives del Departamento de Policía de Los Angeles. Uno es Dwight Bleichert, conocido como «Bucky»(Josh Hartnett), y el otro es Leland Blanchard, apodado «Lee» (Aaron Eckhart). Los dos eran boxeadores antes que policías y su popularidad crece en el Departamento cuando se anuncia que se enfrentarán en un combate de boxeo. Bucky es de carácter frío mientras Lee es pura pasión, no en vano la pelea se anuncia como «Mister Fire versus Mister Ice». Ambos son los asignados al caso de la Dalia Negra, un crimen que acaba obsesionándolos. Como vértice del triángulo tenemos a Kay (Scarlett Johansson), la novia de Blanchard. Más adelante, se nos presenta a Madeline (Hilary Swank), hija de una pareja multimillonaria y extravagante (John Kavanagh y una impagable Fiona Shaw, sí, la tía de Harry Potter, la misma).

A lo que iba. Del grueso principal de ese reparto se salvan Eckhart y Swank, cuyo personaje tiene mil veces más carisma que el de la Scarlett. Esta tiene una actuación floja donde las haya, mientras que Josh Hartnett parece creerse eso de «Mister Hielo» y no mueve un músculo de la cara en las dos horas de película, con expresión constante de cordero degollado que en ningún momento transmite la personalidad atormentada del personaje literario. El propio Ellroy, que en asunto de películas suele limitarse a coger el cheque por los derechos de autor y dejar todo en manos del director, opinó antes del rodaje que Hartnett es «demasiado guapito para ser Bucky» y que la Johansson no es más que una «niña estúpida». Luego se ha dedicado a acompañarlos promocionando la cinta, aunque no sabemos si los actores le dirigen la palabra.

En cuanto al oficio de Brian de Palma, su mano se deja ver a menudo y hay planos realmente magistrales. Dos ejemplos: el plano-secuencia que comienza con un proxeneta al que vigila la pareja de compañeros detectives. La grúa eleva la cámara por encima de un edificio de varios pisos para que a lo lejos veamos el descampado donde yace el cadáver de la Dalia, al tiempo que una mujer grita al descubrirlo. La cámara hace un retorno por un callejón lateral, siguiendo a un coche que regresa a la calle principal para centrarse en dos personajes que se dirigen a la puerta del edificio que veíamos en primera instancia. Un plano genial.

Otro ejemplo es el uso de la cámara lenta en la trágica escena del edificio Olympic. No digo más, sólo que De Palma usa la cámara lenta como nadie. Seguro que todos recordáis las escaleras de la estación Grand Central de Chicago en Los intocables de Eliot Ness

Con todos sus defectos, la película se deja ver, la historia es buena y, aunque sólo sea por escuchar la música unida a las imágenes, vale la pena. Coincido en cierto modo con las palabras del James Ellroy, aunque más en la segunda frase que en la primera: «La película es buena, pero mi libro es mucho mejor».

La música: Una trompeta que emociona

Todo iniciado en la música de cine sabe que, además de ser un muy buen compositor cinematográfico, Mark Isham es un excelente trompetista de jazz. Con ese punto de partida, tenemos un compositor ideal para una producción de cine negro como es La Dalia Negra, y así lo supo ver afortunadamente Brian de Palma, a pesar de que en un principio circulara el nombre de James Horner asociado a esta película.

Si bien decía antes que al film se le ha criticado su incoherencia, derivada de su complejidad argumental, todo lo contrario se debe decir de la música. Isham aborda la película desde la óptica del cine negro, uniendo jazz con orquesta sinfónica y basando el estilo de la composición en un conjunto de bandas sonoras propias del género, de las que son referentes obras como Chinatown y L.A. Confidential, de Jerry Goldsmith; y On the Waterfront, de Leonard Bernstein. En determinados momentos emplea un sonido orquestal romántico muy propio de los años cuarenta que podría venir firmado por Bernard Herrmann, David Raksin Miklos Rozsa.

Para empezar, un aviso a navegantes: las pistas del CD editado no están ordenadas en la cronología de la película, con excepción del primer track y el último. Así, hay fragmentos que escuchamos en los primeros cortes del disco que uno no oye en la película hasta las escenas finales, y viceversa. Y en algunos casos, en la misma pista del CD suenan fragmentos de la banda sonora que corresponden a escenas totalmente separadas por muchos minutos.

Dicho esto, recordemos que Mark Isham suele otorgar una parcela de protagonismo a un amplio número de instrumentos en cada uno de sus trabajos para el cine. Lo hace también en The Black Dahlia, en la que hay solos de oboe, violín, piano e incluso theremin, y en la que la sección de percusión participa con una potencia deslumbrante. Pero está muy claro que la protagonista absoluta de la fiesta es la trompeta, y es el propio Isham quien la toca. Los motivos temáticos principales de la obra son ejecutados por este instrumento con una elegancia y sensibilidad memorables.

Esa trompeta es lo primero que escuchamos en el CD y en la película. Concretamente, Isham nos presenta en primer lugar el tema dedicado a la Dalia Negra, mientras aparece la imagen de Bucky (Hartnett) preparándose para su combate contra Lee Blanchard (Echhart) . Es un tema que suena como un lamento, como si la trompeta llorase por el recuerdo de la joven asesinada.
 

Las cuerdas arropan muy sutilmente la melodía hasta que irrumpe la percusión y el resto de la orquesta. Bucky rememora el momento en que coincidió por primera vez con Lee, durante los disturbios del Zoot Suit (moda de trajes grandes y exuberantes que llevaban los negros y mexicanos, enfrentados a los marineros en los años 1942 y 1943).

El tema musical de la Dalia es el que más se utiliza en la banda sonora, con distintas presentaciones. Las filmaciones de la audición recuperada que va viendo Bucky –con la voz original del propio Brian de Palma– se acompañan de la versión que encontramos en la pista 3,«The Dahlia», con vibráfono acompañado por cuerdas, mientras que otros tracks contienen ese motivo musical incrustado en escenas de acción o de suspense, caso de «At Norton and Coliseum», correspondiente al plano-secuencia en que se ve a lo lejos una mujer gritando al descubrir el cuerpo de la actriz descuartizada. El espectador no sabe qué es lo que ha visto la mujer, pero la música nos da la pista. Sucede algo parecido en «Hollywoodland», track cargado de disonancias y misterio que se corresponde con el hallazgo del cuerpo por la policía. Un solitario oboe interpreta el tema de la Dalia la primera vez en que se hace referencia a ella, aunque ni siquiera hayamos visto el cadáver.

Este leitmotiv aparece en otras ocasiones, casi siempre en referencias evocadoras de la chica muerta, caso de «Men Who Feed on Others» –con chelos y luego con trompas- y «Death at the Olympic», que incorpora una potente variación del tema con los metales.

El desarrollo del tema lo tenemos en el CD en «Betty Short», donde primero suena con un violín solo, luego con las cuerdas, acompañadas de piano, arpa y vibráfono, que le dan hacia el final un aire de tango lento y deprimente. Esta versión del disco no se utiliza en el transcurso de la película.
 

Los otros motivos temáticos del score se pueden interpretar como nexos emocionales del protagonista Bucky con otros personajes. El que podemos llamar tema de Bucky, que suena casi siempre interpretado por la trompeta de Isham, se emplea básicamente en relación con su compañero Lee Blanchard. En la cinta se escucha por primera vez en el combate de boxeo entre ambos policías, en la versión que aparece el corte «Mr. Fire versus Mr. Ice». La versión más dramática corresponde a la que se oye en la pista «No Other Way». Y lo oímos de nuevo al final de la historia, al principio del último corte «Nothing Stays Buried Forever».
 

Las relaciones sentimentales de Bucky con las dos mujeres protagonistas –Kay (Johansson) y Madeline (Swank)- se traducen en sendos temas de amor.

El primero lo tenemos interpretado –casi sugerido- por la flauta al inicio de «At Norton and Coliseum». Aparece más desarrollado, con el piano de protagonista;y después con la trompeta, en la primera parte de «The Two of Us», que corresponde a una escena bastante avanzada de la película, a pesar de ser de los primeros cortes del CD.
 

La melodía tiene cierto parecido –consciente o inconscientemente- al tema que compuso Michel Legrand para Verano del 42 , pero funciona y le da un toque de banda sonora clásica más que evidente.
 

Además, es el tema que cierra la banda sonora, sonando al final de«Nothing Stays Buried Forever».

Más clásico si cabe, desde el punto de vista de la música cinematográfica, es el tema de amor creado para la relación con Madeline, que va de «mujer fatal». Todo el corte «Madeline» emana esa sonoridad tan propia de los años cuarenta, pero es sobre todo la segunda mitad del track –que contiene el tema de amor- la que suena a esa edad de oro, con un desarrollo melódico-romántico que va creciendo hasta el clímax, pasando del protagonismo de las cuerdas hacia el de los metales, y rodeado de adornos y florituras en los que no faltan las arpas.
 

En cierto modo, recuerda al tema «Moonlight Serenade» compuesto por el gran Glenn Miller. El tema se repite en «Red Arrow Inn».

En el score hay otro tema de carácter romántico que, además, es mi preferido de los tres. Sin embargo, no se puede describir como tema de amor per se, ya que su utilización en la película se refiere al triángulo formado por los dos detectives –Lee y Bucky– y la novia del primero, Kay. En el film lo escuchamos en primer lugar durante la cena en que los tres brindan por los dos «superpolicías», que corresponde a la primera parte del corte «Super Cops». El tema es interpretado a piano, acompañado por contrabajo, cuerdas y arpa, y es de una elegancia y belleza magistrales.
 

Es el mismo que encontramos, también a piano en «Dwight and Kay», en un momento más avanzado de la trama en el que se evoca la amistad de los tres protagonistas, aunque en esta pista evoluciona hacia sonidos más misteriosos para pasar a la trompeta interpretando el tema de amor de la pareja del título. Brevemente, encontramos también esa melodía del triángulo a cargo de la trompeta en «The Two of Us».

Para acabar con esto de los leitmotivs, en determinados momentos de la cinta y la banda sonora, Isham recurre al enigmático sonido del theremin en una frase de notas descendentes que se asocian al asesinato.
 

Esa frase se puede escuchar en «The Two of Us»«Hollywoodland» y en «Men Who Feed on Others».

Otro aspecto a destacar de la partitura son los cortes de acción. Probablemente nunca antes habíamos oído sonoridades como estas en trabajos previos de Mark Isham, con combinaciones de percusión desbordante y metales muy herederas de On the Waterfront, de Leonard Bernstein. Buena muestra de ello es la segunda mitad de «The Black Dahlia-The Zoot Suit Riots».
 

También encontramos este tipo de música de acción en el tiroteo en «At Norton and Coliseum», el combate de boxeo en el comienzo de «Mr. Fire versus Mr. Ice», y de manera especial, con gran tensión, en toda la escena de «Death at the Olympics».

El último corte del disco merece una mención especial. Podría parecer que esos seis minutos y medio de «Nothing Stays Buried Forever» son una suite para los títulos de crédito que contiene varios de los principales temas del score: los de Bucky, la Dalia, Madeline y el tema de amor con Kay. Pues no. Corresponde fielmente a los últimos minutos de la película, a su resolución final, en la que encajan todos esos motivos musicales, como irá viendo el espectador.

Algunos críticos cinematográficos han tachado este trabajo de Isham de «poco original», con quejas de que suena parecido a L.A. Confidential, a Chinatown o que uno de sus temas de amor se parezca al de Verano del 42. En mi humilde opinión, sólo una escucha muy superficial de la banda sonora puede dar lugar a conclusiones como esas. Evidentemente suena a cine negro, y es verdad que suena a trabajos como los citados, pero es lógico que esas obras sean la referencia y que la música tenga similitudes con la música empleada en películas del género de los años cuarenta y cincuenta. Cuando uno profundiza en el score, establece las asociaciones de motivos con los personajes y las situaciones y analiza cómo la música se desarrolla, la valoración de este trabajo crece con cada nueva audición.

Para mi gusto, se encuentra entre las mejores cinco bandas sonoras de este año y, en consecuencia, le daría una nominación al Oscar inmediatamente. No obstante, sabemos que esa posible candidatura depende en buena medida de la aceptación que tenga la película de cara a los premios de la Academia, y está claro que no ha gustado ni al público ni a la crítica. Una lástima. Hasta la fecha, el compositor y trompetista neoyorquino únicamente ha sido nominado por El río de la vida y estaría muy bien que esta Dalia Negra le proporcionara la segunda. Cruzaremos los dedos.

(NOTA: Esta reseña se publicó en la antigua página de BSOSpirit en 2006)