Puntúa esta banda sonora

 

 

  Anacondas. The Hunt for the Blood Orchid

(Anacondas, la cacería por la orquidea sangrienta)
Nerida Tyson-Chew
     
Año:   2005
Sello:   Varese Sarabande
Edición:   Oficial
Nº Tracks:   20
Duración:   60:57
     
Ficha IMDB
 
 
 
 

Reseña Por:
David Doncel

 
  1. Opening Titles/Jungle Floor 2:12
  2. Elixir Perrinia Immortalis 1:39
  3. Kong Attacks Gail 2:03
  4. Stealing the Fruit/Kong Terrified 3:05
  5. Almost a Kiss 1:20
  6. Predator in the Water 3:51
  7. Enter the Jungle 0:57
  8. Foreboding Path 2:22
  9. Crossing the Bog 3:29
  10. Spider of Anaesthesia 2:57
  11. Livingston’s Death 1:05
  12. All Hope is Gone 1:58
  13. Lopaks 1:36
  14. It’s Mating Season 3:14
  15. Totem 1:34
  16. Jack’s Devious Deal Uncovered 1:24
  17. Betrayal of Trust 2:28
  18. The Cavern 6:29
  19. Climbing to the Light 6:02
  20. Discovering the Orchids/Face Off 11:12
 
 


Ciertas buenas formas que se observan en esta compositora.


Es realmente dura de escuchar.


«Predator in the Water».

 
  alt  
 
 
Segundas partes…
 

altSeré breve en cuanto al comentario de esta cinta. Uno no sabe por qué hay gente que es capaz de poner dinero para este tipo de cine de terror que tan mala fama tuvo durante una época de desgaste y pocas ideas.

«Anacondas» es un ejemplo del cine de terror que se hacÍa a finales de los noventa. Monstruos superinteligentes que con su voraz sentido de la supervivencia hacían estragos entre unos secundarios sin demasiada capacidad para permanecer sin soltar una chorrada por minuto.

Y es que si ya «Anaconda» era un subproducto que con demasiada fortuna había roto las taquillas de su país de origen, imaginaos una supuesta segunda parte (segunda, aunque no se retome ningún personaje de la primera), donde los efectos especiales digitales no sólo no han mejorado, sino que son más evidentes y por tanto más deficitarios.

Y el caso es que el argumento de «Anacondas» no tiene desperdicio: Una gran corporación farmacéutica busca una orquídea (la orquídea sangrienta, menudo nombre) porque en ella reside la fuente de la eternidad. Esta trama es magnífica para especular sobre las consecuencias de esta planta en la sangre humana, sus posibles transformaciones y el egocentrismo casi divino que puede acusar cualquier persona con tanto poder en sus dedos que no es capaz de asimilarlo. También sería algo típico, pero algo más trabajado sin duda que el producto que al final nos presentan los responsables de «Anacondas«.

Pero no, debían de meter a las anacondas de por medio para dar así más juego comercial.

También es interesante cómo explican que estas anacondas sean tan grandes, algo que no hacía la primera parte. La explicación es, dentro de este terreno fantástico, bastante coherente. Las Anacondas tienen en su dieta habitual esta Orquídea Sangrienta. Las anacondas, según explican en la peli, crecen hasta que mueren (no son como los humanos) así que una anaconda con una vida mayor, pues es también más «gigantesca«. Eso deriva en un hambre más atroz, y unos asesinatos más salvajes, aunque bastante tapaditos la verdad, supongo que para que no se suba demasiado la calificación por edades de la cinta.

Una lástima de tiempo y de dinero perdidos.

Eso sí, después de toda esta pérdida, hay algo que puede salvarse de la quema, y es la música de Nerida Tyson-Chew, una compositora totalmente desconocida para muchos, pero con una larga carrera en televisión (música adicional para Batman la Serie Animada) y algún que otro producto de videoclub (Visitors). Nerida crea una partitura efectiva y ajustada a las necesidades establecidas para ella.

Nerida crea una partitura de evidentes influencias tribales, no por nada la acción principal se desarrolla en una jungla, con algún que otro momento de ciertas tonalidades melódicas, aunque la gran mayoría de su composición, como podría esperarse, está llena de golpes de efecto y bastantes sonidos incidentales.

En comparación con la primera partitura de Randy Edelman, Nerida apuesta por una atmósfera menos melódica que la de su primera parte, la cual estaba poblada por varios temas realmente retentivos, que hacían de ésta una de las partituras más divertidas de Randy Edelman.

En este caso «Anacondas» no es ni mucho menos una partitura divertida, pero sí cumplidora, algo que no puede decirse precisamente de las imágenes a la que acompaña.

Hay cortes que dan la impresión de elevar el listón de la película, como «Opening Titles/Jungle Floor«o «All Hope is Gone«, aunque básicamente toda la partitura se mueve por momentos atmosféricos y cerrados que buscan crear la ambientación claustrofóbica que la acción no encuentra por ningún lado. «Stealing the Fruit/Kong Terrified», «Enter the jungle», «Kong Attacks Gail», «Topaks», y sobre todo las cuerdas del frenético y conseguido «Predator in the water«, demuestran que Nerida se desenvuelve perfectamente por estos terrenos angustiosos y cerrados, algo que supongo muchos productores no dejarán pasar para otras oportunidades.

Pero es en los casi 12 minutos de composición que Nerida destina al corte «Discovering the Orchids/Face Off«, el último del disco, donde podemos encontrar un mejor ejemplo de lo que la compositora ha querido para esta partitura.

Es cierto que «Anacondas» es una banda sonora muy, pero que muy durita de escuchar. Es su último tramo el más complicado, los tres últimos temas y casi 30 minutos de dolorosa composición de acción, golpes de efecto y persecuciones basadas en cuerdas que no hacen mejorar la facilidad de escucha. Pero se perdona, viendo la lamentable catástrofe visual a la que da música, con unos personajes estereotipados, unos diálogos de juzgado de guardia y unos monstruos que son tan «infográficos» que no desprenden ninguna amenaza al espectador.

Como alguien dijo, «menos da una piedra«, y es que Nerida lo ha tenido bastante difícil para sacar petróleo de donde no lo hay.