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  1408

(1408)
Gabriel Yared
     
Año:   2007
Sello:   Varèse Sarabande
Edición:   Normal
Nº Tracks:   16
Duración:   56:20
     
Ficha IMDB
 
Web del Compositor
 
 

Reseña Por:
David Doncel

 
  1. “10 Haunted Hotels” (03:04)
  2. The Dolphin Hotel (01:45)
  3. Room 1408 (07:45)
  4. The Doppelganger (02:10)
  5. Katie’s Theme (02:48)
  6. Ship in a Painting (01:39)
  7. Bleeding Walls (04:59)
  8. Out on a Ledge (05:25)
  9. Mike’s Fugue (02:43)
  10. Inside the Vent (04:11)
  11. Olin in the Minibar (05:50)
  12. Sinking Ship (03:11)
  13. Waking up in LA (01:56)
  14. Back to 1408 (01:50)
  15. “Don’t You Love Me Anymore?” (02:21)
  16. Fire! (04:43)
 
 


La atmósfera conseguida por Yared a base de una singular instrumentación. Original a más no poder.


Lo dura que es en una escucha aislada.


«Room 1408», expresión total de lo creado por Yared para esta excelente producción.

 
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La habitacion del terror
 

altPelículas sobre casas encantadas y sus fantasmales habitantes las hay a porrillo. Mejores, peores, comerciales, de autor, metafísicas o físicas rozando el gore. Es ver una casa victoriana, grande, de múltiples habitaciones, y lo primero que pensamos es en el fantasma y su familia de fallecidos violentamente por causas inexplicables.

Pero si ya pensamos en habitaciones, no en casas, sino en habitaciones exclusivamente, nuestra visión se va reduciendo a contados referentes. Así pensaríamos en la primera parte de Oldboy con nuestro protagonista viviendo secuestrado años en una habitación que no dejaba ver nunca a los secuestradores.

Luego estaría La habitación 333 donde un grupo de estudiantes se queda encerrado en un macabro hospital en una planta del mismo, la tercera, que en un principio no existía y que alberga una especie de purgatorio donde éstos caen como moscas.

Y aunque parecieran habitaciones independientes al ojo del espectador, pero argumentalmente estuvieran formadas por muchas, en Cube de Vicenzo Natali, fallecía hasta el apuntador, buscando la manera de salir de esos cubículos infernales.

Pero pocas veces hemos sido testigos de que sea la misma habitación la que tenga vida propia, y que destine ésta a hacer imposible el hospedaje de sus residentes. Es el caso de esta 1408, película basada en una historia corta de Stephen King, Blood and Smoke del 2002. El argumento nos sitúa en la actualidad, en la solitaria y esquiva vida de Mike Enslin (John Cusack). Escritor de poca monta especializado en libros sobre hoteles encantados (los 10 más fantasmagóricos de todo EE.UU) el personaje intenta huir de un pasado trágico del que no sabemos nada hasta bien entrada la película.

Mike suele ser invitado a pasar una noche en determinados hoteles del país, a cambio de poder incluirlos en su relación de siniestros hospedajes. En la totalidad de las veces Mike descubre que estas invitaciones buscan principalmente recobrar las reservas perdidas que han sufrido determinados hoteles de carretera, por culpa precisamente del cambio de rutas producida por una mejora en las infraestructuras. No hay fantasmas ni seres demoniacos que habiten esos lugares. Así que Mike suele poner nota, según que sean más siniestros o no, sin contar las inexistentes apariciones de ultratumba.

Pero Mike cambiará de parecer (como sospecha el espectador) en el momento en que reciba una invitación, sin remitente, de un hotel de New York, el Dolphin, para que se hospede en la habitación 1408.

Es cuando la pesadilla comienza.

Jugando con la mente

altRealizar una película basada en una historia de habitación embrujada sin fantasmas es algo realmente difícil. Como la habitación no se dedique a lanzarle pastillas de jabón al protagonista, lo lleva claro. Pero no es hasta que uno se mete de lleno en esta película, que observa las posibilidades tan magníficas que presenta esa premisa.

Toda habitación de hotel posee un control de ambiente, calor o frío. Eso puede dar mucho juego. Igual con las ventanas, o el baño, lugares que solemos frecuentar en un hotel.

Y ya no hablemos de teléfonos. A lo mejor la voz que escuchamos es de la propia habitación y no del conserje. ¿Quién sabe?

Pero, ¿y si todo depende de nuestra mente? ¿Drogas? ¿Enfermedades mentales? O puede ser que estemos tan condicionados a tener terror que al final lo tengamos y veamos cosas que no existen?

El gran acierto y tal vez el gran inconveniente para muchos espectadores de 1408 es lo paranoica que resulta a partir de la segunda mitad de la misma. Uno asiste a un cúmulo de situaciones no ya absurdas, pero sí ciertamente insostenibles por razones físicas y reales que ocasiona que muchos espectadores salgan de la trama y empiecen a no creerse nada de lo que están viendo.

Otros, como es mi caso, quedamos absorbidos por lo atractivo de estas situaciones, y quedamos aun más implicados con la película.
No es fácil jugar argumentalmente con la mente en una película, aunque sí lo es en un libro. En un libro cada persona justifica y se cree la locura que él imagina. En una película tienes que justificar y creerte la locura que una persona o conjunto de personas nos reflejan en imágenes. Es bien diferente.

Éste es el principal problema de 1408, su principal handicap y su principal virtud.

Es por eso que la película se siente tan próxima a otra protagonizada por John Cusack como es Identity (de hecho, el comienzo es exactamente el mismo), que tambien jugaba con la mente perturbada del protagonista.

Tampoco podemos olvidar otras influencias básicas como El Resplandor, Repulsión, Esta Casa en una ruina (en serio) o de nuevo, otra película protagonizada por John Cusack, Cómo ser John Malkovich, que no deja de ser una metáfora de Alicia en el País de las Maravillas, a la que el propio personaje de John en 1408 hace referencia en el guión.

Pero después de todas estas referencias, ¿hay algo sólido en 1408 que nos haga ir a verla? Por supuesto.

Grandes virtudes de un producto difícil

altUno de los elementos que más me gustaron de esta producción americana es, sin duda, su animo de no caer en lo convencional. Podría haber sido un pastiche de El Resplandor. De hecho tenía todos los elementos para serlo: Historia sacada de la mente de Stephen King, Hotel, muertes, locuras, supuestos fantasmas.

Cualquier otro director hubiese copiado vilmente a Stanley Kubrik. El caso es que el director de 1408, Mikael Håfström (que como tarjeta de visita conocida nos dejó la irregular Sin Control), intenta deshacerse totalmente de ese referente. Y el caso es que lo consigue.

A ello ayuda notablemente la magnífica actuación de John Cusack, que se aleja del modelo establecido por Jack Nicholson. John actúa siempre fiel a su modo de trabajo, sosteniendo en sus hombros casi todo el minutaje de la historia (no hagan caso a los carteles promocionales, Samuel L. Jackson es un mero secundario sin apenas presencia en la película), destacando por encima de todo, sus últimos minutos y aquéllos que dedica a su lado más dramático.

Aunque se puede decir que la última parte de la película es la más floja, no lo es su desenlace, que se presenta inmejorable (aunque la escena del cementerio se la podían haber ahorrado).
Es más, 1408 se mueve por algunas escenas magníficas, entre ellas una terrorífica que tiene que ver con la ventana del hotel y el vecino de enfrente, siempre potenciando el lado onírico, más bien pesadillesco de la historia, y la potencia tan infravalorada en nuestra sociedad de la mente.

A eso, unimos una magnífica dirección, clara, directa, basada en la creación de atmósferas de suspense, que no de terror (pues no es un producto de terror sino fantástico de suspense), un estupendo apartado técnico y una banda sonora excelente de uno de los mejores compositores europeos, el gran Gabriel Yared.

Esto no es una partitura romántica

Es normal que Yared intente desligarse de esa etiqueta que le han colocado de compositor para películas románticas o dramáticas. Y es normal viendo que las pocas ocasiones que ha podido salirse del tiesto, las ha bordado. Una lastima que una de sus mejores partituras, lejos del género dramático, fuese rechazada. Todos pensamos en Troya, esa injusticia que se cometió con el compositor sin justificación aparente (salvo el consabido nulo criterio artístico de los productores).

Ahora se involucra en una producción fantástica con toques de terror e importante carga de suspense, algo que no había hecho anteriormente en su carrera (el género fantástico lo había tocado en Ciudad de Ángeles pero no dejaba de ser una producción romántica). Y como suele ser habitual en él, su genio le hace buscar sonidos nuevos, para nada convencionales tales como percusiones efectistas, o atmósferas sintetizadas omnipresentes en el espectro sonoro.

Para 1408 Yared crea un sonido nuevo. Basado principalmente en la premisa básica de la música de cine de que lo compuesto tiene que ser esclavo total de las imágenes, algo que puede producir una escucha realmente difícil fuera de éstas.

Siguiendo esa premisa, Yared crea su propio espacio musical, un lugar que se ve delimitado por esas cuatro paredes que conforman la habitación 1408. Si el director artístico utiliza todo lo que está en su cabeza para crear un decorado, Yared juega con su capacidad para componer y crea un universo cerrado, angustioso y asfixiante, gracias a una instrumentación singular e idónea que se pliega y queda absorbida por esos muros de celuloide.

Esa instrumentación queda bien clara en el corte «Room 1408» el tercero del disco, justo cuando Mike abre la puerta de la misma. Esa experimentación seguirá a lo largo de la partitura, escuchándose a lo largo de este extenso corte (7:45), en «The Doppleganger» con instrumentación electrónica y un ritmo marcado a veces desquiciante, en «Bleeding Walls» a base de cuerdas que imitan el sonido de arañazos en la pared, o «Inside the Vent» con claros tonos fantasmagóricos en referencia al perseguidor de Mike, dentro del conducto de ventilacion de la habitación (uno de los momentos más flojos de la cinta).

Por otro lado encontramos el lado dramático de la historia que tiene que ver con Katie, la hija de Mike. Aquí Yared, aunque retoma su vena melódica, lo hace sin salirse de los muros musicales que conforman la musical habitación 1408. A base de piano, y con claro matiz siniestro, encaja perfectamente con su parte de composición más densa y atmosférica.

En definitiva, una partitura excepcional, que convierte los efectos sonoros en parte de la composición, dotando al conjunto de un tono original e imaginativo, difícil de escuchar sin las imágenes pero perfecta en su verdadero cometido, el ser música de cine.