Puntúa esta banda sonora

 

 

  Mary Shelley’s Frankenstein

(Frankenstein de Mary Shelley)
Patrick Doyle
     
Año:   1994
Sello:   Sony
Edición:   Normal
Nº Tracks:   24
Duración:   69:04
     
Ficha IMDB
 
 
 
 

Reseña por:
Óscar Giménez

 
1. To Think of a Story (3:28)
2. What’s Out There? (2:52)
3. There’s an Answer (4:37)
4. I Won’t If You Won’t (1:58)
5. A Perilous Direction (3:20)
6. A Risk Worth Taking (3:18)
7. Victor Begins (0:54)
8. Even If You Die (2:16)
9. The Creation (2:00)
10. Evil Stitched to Evil (4:43)
11. The Escape (1:47)
12. The Reunion (0:45)
13. The Journal (1:04)
14. Friendless (2:09)
15. William! (2:44)
16. Death of Justine / Sea Of Ice (3:54)
17. Yes I Speak (5:37)
18. God Forgive Me (0:57)
19. Please Wait (3:21)
20. The Honeymoon (1:16)
21. The Wedding Night (2:05)
22. Elizabeth (4:11)
23. She’s Beautiful (3:36)
24. He Was My Father (6:10)
 
 

«To Think of a Story»

«The Creation»

«The Wedding Night»

 


Su variedad y riqueza temática, junto con la energía que desprende.


Por momentos, la energía de la música peca por exceso, lo mismo que el tono exageradamente grandilocuente de la película.


«The Creation».

 
  alt  
 
 
El Doyle más enérgico y apabullante
     

altFrankenstein, la novela, nació a partir de una propuesta de Lord Byron durante el verano húmedo y desagradable de 1816 en Suiza. A tres de sus vecinos, entre los que se encontraban el poeta Percy Bysshe Shelley y su joven esposa, de 18 años, Mary Wollstonecraft Shelley, les dijo: «Cada uno de nosotros escribirá una historia de fantasmas». Y Mary se lució, creando uno de los relatos más admirados e influyentes de la historia de la literatura, sentando incluso algunos de los fundamentos que muchas décadas después conformarían lo que llamamos ciencia-ficción.

Los peligros que conlleva el que el hombre juegue a ser Dios centran esta historia cuyo objetivo, para Mary Shelley, era que «hablase de los misteriosos temores de la naturaleza y que despertase el más intenso de los terrores, una historia que creara en el lector miedo a mirar a su alrededor, que helase la sangre y acelerase los latidos del corazón. Si no conseguía todas esas cosas mi historia de fantasmas demostraría ser indigna de ese nombre».

Muchos años después, las primeras adaptaciones cinematográficas de la obra se centraron en la idea del terror, pero sólo arañando la superficie de la historia, sin entrar verdaderamente en su esencia. Lo mismo había ocurrido con la novela Drácula, de Bram Stoker, hasta que Coppola se dispuso a ofrecer al espectador una versión más profunda de este relato. Incluso el propio Coppola tenía entre sus planes dirigir un Frankenstein basado en la misma idea, que finalmente cedió a Kenneth Branagh, encargándose el primero de la producción.

altBranagh, a quien a principios de los noventa llamaban el «nuevo Orson Welles«, dejó clara una cosa desde el principio: la palabra «monstruo» quedaba completamente eliminada de la película. Se dice que incluso prohibió el uso del término durante el rodaje. Fichó a Robert de Niro para encarnar a la «Criatura», así como a otros buenos actores como Helena Bonham Carter (Elizabeth), Tom Hulce (Clerval) o Ian Holm (padre del doctor Frankenstein).

Y como era de esperar, contó con Patrick Doyle para componer la música, en lo que fue su cuarta colaboración cinematográfica -sin contar las teatrales y televisivas- tras Enrique VMorir todavía y Mucho ruido y pocas nueces.

Branagh mostró la historia de Frankenstein como una tragedia humana y no como un puro relato de miedo, aunque no falten ciertas dosis de terror. Pero, a juicio de la crítica, se le fue de las manos por querer ser en exceso grandilocuente. La taquilla tampoco acompañó, pues sólo recaudó en Estados Unidos 22 millones de dólares, cuando el presupuesto fue de 45 millones, cifra relativamente elevada para una producción de 1994.

Al prometedor cineasta británico le cayeron palos de todos lados y, por extensión, Patrick Doyle también recibió unos cuantos. En opinión de algunos críticos, su música se había contagiado del histrionismo de Branagh.

altSin embargo, en mi opinión y sin querer contrarrestar veredictos mucho más autorizados que el mío, considero que el Frankenstein de Branagh es una película que mejora con el paso del tiempo, como el buen vino. Es un film que merece volver a verse para apreciar los buenos momentos y matices que posee, que no son pocos. Lo mismo para la banda sonora de Doyle, un compositor cuya originalidad, a mi juicio – al menos en aquella época-, radicaba en la imprevisibilidad. Me explico. Nuestra intuición como oyentes musicales nos permite cuando escuchamos música vaticinar o anticipar en bastantes casos cuál es el rumbo de las notas siguientes de una melodía antes de oírlas. Sin embargo, cuando se escucha una composición de Doyle por primera vez suele sorprender al oyente con giros melódicos, rítmicos e instrumentales que conducen a sonoridades nuevas no esperadas. Es algo característico de buena parte de sus bandas sonoras que no falta en el score de Frankenstein.

Globalmente, se trata de la composición más oscura, tenebrosa y violenta de lo que había hecho el compositor británico hasta la fecha. También me atrevo a decir que es la que ofrece más riqueza y variedad temática, comparada con sus obras precedentes. Y el hecho de que en muchos momentos sea frenética parece claro que fue o bien una imposición de Branagh o bien una decisión del propio compositor, acorde con el ritmo y tono de la película. De todas maneras, referirse únicamente a la exaltación y al apabullamiento sonoro de este Frankenstein es algo reduccionista, pues contiene más, mucho más.

altAdemás de piezas enérgicas, hay otras absolutamente deliciosas, como el tema de amor que se desarrolla en varios cortes, desde «There’s an Answer» hasta «Please Wait» -en este caso sólo con las cuerdas-, llegando a su interpretación completa en «The Wedding Night», aunque hay que apuntar que es un tema romántico sombrío, que contiene en su interior parte de la tragedia que acontecerá a la desdichada prometida del doctor Victor Frankenstein.

La banda sonora se abre con «To Think of a Story», preludio que nos pone en antecedentes de lo que será una historia de misterio, terror y drama. Lo mismo con el segundo corte, «What’s Out There».

Son temas que acompañan las escenas del Polo Norte, previas al flashback en el que se nos cuenta la vida y obra de Victor Frankenstein. El principio de este relato, a partir del tercer tema, «There’s An Answer», presenta una composición más amable y simpática, con los primeros esbozos del tema de amor. A lo largo de toda la película, la música de Doyle interpreta el estado de ánimo del protagonista, sus sueños, sus frustraciones, su energía o sus temores.

altEsto se aprecia con la muerte de la madre, momento a partir del cual la música evoluciona para ser triste y oscura. También posteriormente, en «A Perilious Direction», cuando llega a la decisión de generar vida a partir de la muerte. Uno de los grandes momentos fílmicos y musicales llega con la escena de la creación, The Creation. Con lo que podríamos llamar Tema de la Criatura, la orquesta arranca y evoluciona con violencia, expresando una lucha interna de cuerdas contra vientos y percusiones, ajustándose a unas imágenes igualmente furiosas, con movimientos de cámara vertiginosos. Las notas de los metales puntúan el movimiento de las jeringas que se inyectan en el cuerpo de la Criatura, mientras un Branagh descamisado y como falto de juicio va y viene por la gran sala llena de aparatos imposibles. Tal vez, si el amigo Kenneth la hubiera rodado con la camisa puesta hubiera tenido en su día mejores críticas. 

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altLa música es tensa y sombría cuando Victor Frankenstein se da cuenta de que ha creado un ser anormal en «Evil Stitched to Evil», pero vuelve a ser dinámica cuando la Criatura se fuga en «The Escape».

Es suave de nuevo en «The Reunion», que marca el reencuentro con Elizabeth y la decisión de volver a Suiza. Pero la Criatura «De Niro» ha seguido sus pasos y su tema musical vuelve a aparecer en los cortes que acompañan la muerte de William, el hermano pequeño de Victor Frankenstein, y de Justine, la doncella ajusticiada en «Death of Justine / Sea of Ice».

«Yes I Speak» refleja el momento del encuentro en el Mar de Hielo entre Frankenstein y el ser que creó, un tema dramático que acompaña la conversación entre «padre e hijo» con apuntes del tema de la Criatura ejecutados por los vientos de madera y con frases graves de los violonchelos. Si alguien califica esta banda sonora de histriónica, basta escuchar en condiciones el tema de amor y otros como éste para convencerse de que no sólo hay música oscura y violenta.

altEsta afirmación se demuestra con las versiones del tema romántico que vienen a continuación, como «Please Wait» y «The Wedding Night». Poco después, tras la muerte de Elizabeth, reencontramos un nueva versión de «The Creation», cuando Branagh se ve obligado a reconstruir el cuerpo de su prometida muerta y otorgarle vida a petición de la Criatura. Esto sucede en la segunda mitad del corte «Elizabeth», pero a diferencia de «The Creation», suena ahora más mecánico, como si ahora Victor Frankenstein fabricara vida de manera rutinaria y sin ninguna pasión.

altPero es una vida efímera, pues la nueva Elizabeth, consciente de lo que es, opta por la autodestrucción. Un tema triste y melancólico preside el principio del corte siguiente, «She’s Beautiful», para acelerarse después, de nuevo con el tema de la Criatura.

La última pista, «He Was My Father», corresponde a la resolución del film, de vuelta como al principio al Polo Norte, con la muerte de Victor Frankenstein tras el relato de su vida y las lágrimas de la Criatura que tiene en sus brazos el cuerpo inerte de su creador. La segunda mitad del corte contiene una vez más el tema de la Criatura, aunque suena más trágico y disonante que nunca y acaba, tras un silencio, en forma de coda fúnebre con crescendo final.

altConcluyendo, aunque opino que no estamos hablando de la mejor banda sonora de Patrick Doyle, está claro que le dedicó grandes esfuerzos, dotándola de la intensidad, variedad y expresividad que la película merecía. El compositor escocés había sorprendido cinco años antes a propios y extraños con Enrique V, y en la memoria del aficionado se recuerdan mejor algunas obras posteriores. No obstante, reescuchar un score como éste de Frankenstein con cierta perspectiva histórica, sabiendo cómo fue vilipendiado por algunos en su día, no es sólo una recomendación trivial, sino de obligado cumplimiento para todo aquel aficionado con ganas de saborear la originalidad de Doyle en su etapa más creativa.

(Reseña publicada en la antigua página de BSOSpirit en 2002)