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Stranger Things

Kyle Dixon, Michael Stein
     
Año:   2016
Sello:   Lakeshore Records
Edición:   Normal
Nº Tracks:   36 + 39
Duración:   69:01 + 73:30
     
Ficha IMDB
Web del Compositor
 

 

Reseña por:
David Doncel

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Vol. 1

1. Stranger Things (1:08)
2. Kids (2:38)
3. Nancy and Barb (1:05)
4. This Isn’t You (2:24)
5. Lay-Z-Boy (1:35)
6. Friendship (1:13)
7. Eleven (3:15)
8. A Kiss (1:25)
9. Castle Byers (2:47)
10. Hawkins (5:01)
11. The Upside Down (5:08)
12. After Sarah (1:25)
13. One Blink For Yes (1:47)
14. Photos In the Woods (4:33)
15. Fresh Blood (1:17)
16. Lamps (1:15)
17. Hallucinations (1:37)
18. Hanging Lights (1:33)
19. Biking To School (0:45)
20. Are You Sure? (2:27)
21. Agents (0:51)
22. Papa (1:28)
23. Cops Are Good At Finding (1:09)
24. No Weapons (3:24)
25. Walking Through the Upside Down (1:19)
26. She’ll Kill You (2:06)
27. Run Away (1:47)
28. No Autopsy (1:03)
29. Dispatch (0:41)
30. Joyce and Lonnie Fighting (1:03)
31. Lights Out (1:05)
32. Hazmat Suits (1:43)
33. Theoretically (1:33)
34. You Can Talk To Me (0:54)
35. What Else Is There To Do? (2:00)
36. Hawkins Lab (2:38)

Vol. 2

1. Hopper Sneaks In (1:38)
2. I Know What I Saw (2:44)
3. Rolling Out the Pool (1:12)
4. Over (1:38)
5. Gearing Up (1:57)
6. Flickering (0:46)
7. First Kiss (1:46)
8. Crying (1:16)
9. Walking Down the Tracks (0:55)
10. Where’s Barb? (1:58)
11. Speak of the Devil (2:49)
12. Danger Danger (2:57)
13. Tribulations (1:14)
14. Flashback (1:37)
15. Kids Two (2:56)
16. Talking to Australia (1:00)
17. Night of the Seventh (1:35)
18. See Any Rain? (0:41)
19. Coffee & Contemplation (1:12)
20. Inside the Black Room (1:27)
21. Starts to Rain (1:34)
22. Eleven Is Gone (1:55)
23. Time For A 187 (0:57)
24. Something in the House (2:08)
25. Still Pretty (1:51)
26. Abilities (1:33)
27. Tendril (0:26)
28. They Found Us (3:01)
29. Bad Men (1:06)
30. Spiked Bat (1:17)
31. Making Contact (2:01)
32. What Do You Know (1:55)
33. It’s Not My Boy (2:07)
34. Something in the Wall (1:35)
35. Let’s Go (0:38)
36. Leap of Faith (3:30)
37. In Pursuit (2:17)
38. Breaking and Entering (4:52)
39. Stranger Things (Extended) (5:26)

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“Stranger Things”

 

“Kids”

 

“A Kiss”

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Si te gusta el camino elegido por los compositores, el de pastos electrónicos abonados por referencias a John Carpenter o Tangerine Dream, esta es una banda sonora que vas a disfrutar. Y por supuesto, la colección de canciones es inmejorable. Porque en los ochenta se creó alguna de las mejores canciones de la historia. Y lo sabes… 

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Muchos pensarán que un acercamiento más melódico, o híbrido entre electrónica y elementos orquestales, hubiese sido muchísimo más idóneo para plasmar ese tufillo ochentero. Un acercamiento más Jerry Goldsmith para una trama que le pegaba a este mítico compositor como anillo al dedo. Y a falta de él, una asignación perfecta para un muy aventajado alumno, el ya maestro Christopher Young.

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“Kids”. Pura magia ochentera electrónica.

BSOSpirit opina

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Nota media: 6,25

Fernando Fernández (3), Asier G. Senarriaga (3), Óscar Giménez (5), Juan Ramón Hernández (9), David Martínez (9), Antonio Miranda (7), Jordi Montaner (7), David Sáiz (7)

 

Una pandilla alucinante

Había una vez una época donde lo más interesante que podías hacer en tu vida era encontrar un tesoro pirata junto a los amigos del barrio. No teníamos ni PS4 (la Atari 2600 asomaba revolucionando el interés lúdico de los niños pese a los prejuicios iniciales de los padres que veían con ojos temerosos aquella maquinita infernal con tonalidades de roble), las instalaciones deportivas brillaban por su ausencia (al menos en los pueblos) y los quioscos soltaban con cuentagotas esos cómics Marvel tan chulos que tenían historias épicas y dibujos super guays (DC y sus cómics serian cosa del futuro, gracias a la editorial Zinco).

Con un panorama así, lo más factible para divertirse era salir a la calle, o si tenías suerte a las “eras” -campo sin edificar- y pasar las tardes de después del cole jugando a las guerrillas (algunos, los más salvajes, jugábamos una guerrilla hardcore con palos y piedras, en la línea de otros tiempos menos políticamente correctos) o cogiendo la Motoretta (bicicletas de moda) y haciendo “motocross” por los distintos montículos previos al boom urbanístico. Si tenias suerte hasta podrías chulear de bicicleta con la BH California (lo reconozco, fue la mía, y aún puebla mis mejores sueños de infancia).

Muchos años después, décadas (no demasiadas, tampoco nos pasemos, que uno no es Gandalf), uno ve esos momentos de la infancia como lejanos, profundamente lejanos y, hasta en ocasiones, perdidos. A veces uno se junta con compañeros de EGB (sí, esos planes de estudios que existieron justo antes de que todo se fuese a la mierda a nivel de educación en nuestro país) y descubre esos momentos ocultos en los recovecos de nuestra memoria. Algunos nos marcaron y nunca los olvidaremos. Otros desaparecieron y rescatamos gracias a esas reuniones intensas, necesarias, diría más, vitales.

Y una especie de esas reuniones seria ver uno de los episodios de Stranger Things. Porque no nos engañemos, aunque la serie relate sucesos realmente oscuros y dramáticos (perder a un hijo es algo que no deseo a nadie en el mundo y ahora más que soy padre), una sonrisa perpetua se instala en nuestra cara desde el principio de su visionado. Porque hay cosas que nos recuerdan a una época que aquellos que la vivimos recordamos con mucho cariño. Una década, la de los ochenta, que nos marcó posiblemente más que otras décadas marcarían a otras generaciones. Tal vez porque en ella se acumularon demasiadas señas de identidad, en la música, en el cine, en la moda, hasta en el lenguaje, y que no fueron tan llamativas, al menos en nuestro país, en otras décadas.

Stranger Things posiblemente no es la mejor serie de la actualidad (eso se lo reservo a la magistral House of Cards), pero sí es la más molona. Ni los dragones de Juego de tronos le hacen sombra a Once, la niña de la que a buen seguro me enamoraría en el cole. Y ver a los jóvenes protagonistas dándole caña a los juegos de rol (algo que, como todo en nuestro país, llegó una década después de que fuese un fenómeno en USA), y no a cualquier juego de rol sino a Dragones y mazmorras, es algo que alcanza el nivel top del molómetro.

Que sí, que sí… que Stranger Things no nos cuenta nada nuevo. Que es una mezcla entre Los Goonies, IT, E.T. el extraterrestre y sorprendentemente Beyond Two Souls,el videojuego de Quantic Dream (toda la parte de Once y ese “otro mundo” es prácticamente clavado). Pero lo hace con una personalidad única. Una personalidad fuerte que se aprecia en una excelente dirección artística (parece que sea haya rodado todo realmente en los ochenta), un magnífico trabajo de casting y un cariño exquisito por esa inolvidable década.

Uno de los aspectos más controvertidos de la serie ha sido su banda sonora. Muchos han criticado su estilo seco, minimalista y sobre todo electrónico. No pega con ese sentir ochentero de aventuras adolescentes. De esas que venían atiborradas de melódicos leitmotivs orquestales. De vez en cuando con algún colorido chascarrillo electrónico (te echamos de menos, maestro Goldsmith).

Y es cuando uno entiende y respeta esa opinión. Es tan válida como el camino que han seguido sus dos compositores, Kyle Dixon y Michael Stein, influenciados claramente por otro tipo de música que también se hacia en los ochenta, pero que rara vez acompañaba las aventuras adolescentes o infantiles (y ahí puede ubicarse la dislocación de ciertos aficionados). El camino que estos dos compositores siguen esta también en el ADN de su música fuera de su aplicación a las imágenes, esa música que ambos compositores han creado previamente para el grupo que ambos comandan: S U R V I V E. Música electrónica, muy ambiental en la línea del dios de estos pastos, el gran John Carpenter.

Kyle y Michael por ende solo están extendiendo su propio estilo en su trabajo para Stranger Things, uno referencial al comentado maestro Carpenter, Tangerine Dream o Goblin. Su personal acercamiento queda realmente bien con los momentos más Stephen King de la serie. Esos que tiene que ver con ese mundo “boca abajo” que cruza de vez en cuando al nuestro para que el demogorgon capte nuevas presas. De ahí sus tonalidades frías, secas, carentes en varios cortes de melodía y plenas en atmósferas densas y asfixiantes.

Tal vez su fórmula o camino elegido falla cuanto tienen que reflejar esa parte más humana, infantil y mágica del relato. Es cierto que intentan dotar a los mismos de momentos un punto más melódicos. Así lo vemos en temas como “Kids” u “Once”, pero es aquí cuando su planteamiento parece más frágil frente a las criticas de los aficionados que abogaban por algo más colorido, melódico y humano (y por extensión orquestal).

A pesar de ello, su planteamiento también puede ser fortalecido esgrimiendo que esos momentos donde posiblemente era necesario un acercamiento más melódico, necesitan también mantener ese estilo coherente elegido por los compositores, e incluir algún elemento orquestal o humano podría perjudicar en ello, presentando una banda sonora que más parecería un batiburrillo sin una espina dorsal clara.

Independientemente de la elección tomada por los compositores y su justificación, aunque me encanta cómo queda su banda sonora, más si cabe acompañando las imágenes, creo que cierto acercamiento más abierto, en la línea del trabajo del maestro Christopher Young, podría haber beneficiado muy gratamente a la serie. Simplemente hay que remitirse a su divertido y excelente trabajo para Invasores de Marte.

Pero en Stranger Things, lo que se hace muy bien, es todo aquello relacionado con las canciones que se han incluido en su primera temporada. “Should Stay or Should I Go” de  The Clash ha vuelto a convertirse en un himno. No sé si de nuevo para una nueva generación, quién sabe…

Pero aparte de esta canción, la selección de canciones ochenteras es ejemplar: “Africa” de Toto, el “Heroes” interpretado por Peter Gabriel, “Waiting for a Girl Like You” de Foreigner o “Atmosphere” de Joy Divison. Alguna de ellas es realmente importante en la serie, como la versión de Gabriel de la canción de David Bowie. Y fijaos cómo las canciones también apoyan el camino elegido por Dixon y Stein para el score, cuando encontramos dos de Tangerine Dream en la serie, “Exit” y “Horizont”.  De nuevo la cohesión parece ser la base del departamento musical.

En definitiva, Stranger Things se ha convertido en la serie de moda. Netflix ha sabido convertir en serie un recuerdo (o anhelo de aventura) para una tertulia de amigos que estudiaron juntos en la EGB. Una mirada a una década imperfecta, que en su imperfección guardaba un encanto infinito. Contando los días para ver la segunda temporada.