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The Book of Henry

(El libro secreto de Henry)
Michael Giacchino
     
Año:   2017
Sello:   Back Lot Music
Edición:   Digital
Nº Tracks:   21
Duración:   50:50
     
Ficha IMDB
Web del Compositor
 

 

Reseña por:
Fernando Fernández

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1. Overture (2:33)
2. Treehouse Inventions (2:01)
3. Cheering up the Mountain (0:47)
4. Predator in Their Midst (1:14)
5. Research and Development (3:18)
6. Shaking, Not Stirred (0:26)
7. On Mortality (0:46)
8. Henry’s Final Wish (3:41)
9. A Tender House Call (1:05)
10. Book Discovery: System of Abuse (2:03)
11. Do You Have Prince Albert in a Can? (5:30)
12. Target Practice (1:43)
13. Forging Ahead (2:01)
14. Peter’s Lament (2:50)
15. The Parable of the Talents (4:18)
16. Christina’s Dance (3:32)
17. Susan for Justice (4:48)
18. Peter the Great (1:43)
19. Into the Fire (2:24)
20. Closing the Book on Henry (0:34)
21. Your Hand I Will Never Let It Go (3:42)

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“Overture”

 

“Treehouse Inventions”

 

“Target Practice”

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La clase y buen gusto que sigue demostrando Giacchino, especialmente cuando puede desarrollar temas y melodías cargados de sentimiento e intención.

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La falta de un enfoque claro de lo que quiere conseguir, o proporcionar, con su música a la película. La sensación es que se ha dejado llevar demasiado por los vaivenes de la historia y el guión, antes que en buscar un objetivo claro con su partitura.

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La energía y brillo de ese comienzo, que desaparecen totalmente del resto de la banda sonora, sin ni siquiera ofrecer una conclusión o cierre que recupere dicho tono. Una pena que nos deja sólo el breve disfrute de su “Overture” y “Treehouse Inventions”.

BSOSpirit opina

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Nota media: 7,20

Ángel Aylagas (9), Fernando Fernández (6), Asier G. Senarriaga (8), Óscar Giménez (7), Ignacio Granda (6), Juan Ramón Hernández (8), David Martínez (8), Antonio Miranda (5), Jordi Montaner (8), David Sáiz (9)

 

Un Giacchino bipolar y casi desconocido

Alguno no se lo cree. Ni siquiera los compositores cuando se lo digo. Pero de vez en cuando alguna banda sonora nos pilla por sorpresa. “Under the radar” que dicen los güiris. Parece difícil en esta era tan hipercomunicada y sobrecargada de información en la que vivimos, pero ocurre. Bueno, pues esta es una banda sonora que me pilló por sorpresa en muchos sentidos. No solamente porque ni la tuviera en mente hasta prácticamente cuando salió.  Sí que es verdad que al estar tan centrado en los trabajos del compositor para Coco, el nuevo Spiderman y War for the Planet of the Apes hizo que casi me sorprendiese al verla publicada. Más grave aún es que siendo un gran fan de su trabajo para Jurassic World, incluso por encima de varios otros de los que publicó ese año, se me pasara completamente esta nueva colaboración con su director Colin Trevorrow.

Pero, además, se trata una película con una interesante y curiosa trama juvenil, muy ochentera, y encima con un precioso póster de Drew Struzan. La verdad es que el conjunto de todo esto me hizo pensar que podía tratarse de una pequeña joya sorpresa que nos iba a regalar de nuevo el compositor. Pues ya adelanto que no. Desgraciadamente, es uno de sus trabajos más flojos desde hace mucho tiempo. Y no lo achaco para nada a tener unas altas expectativas. Es que es de esos trabajos que yo defino como “perdido y sin objetivo”. Soy un gran seguidor de Giacchino desde sus años en los videojuegos y televisión, pero intento ser realista en lo que hace, y es un compositor que en ocasiones falla el tiro. Este año por ejemplo tiene una de las grandes bandas sonoras del año con War for the Planet of the Apes, pero no soy nada fan de su trabajo para Rogue One, por ejemplo. Personalmente, me parece uno que palidece frente a los trabajos de Williams para The Force Awakens y The Last Jedi. Hasta el punto de hacerme pensar que era una lástima no haber podido disfrutar de lo que Alexandre Desplat podía habernos dado. Y probablemente me guste bastante más el trabajo de Giacchino que el de Desplat en conjunto.

Pero traigo a colación a Desplat, porque esta película y banda sonora es una para la que probablemente el francés (a priori) podía estar más que indicado y haber hecho un gran trabajo. Pero desde luego al que no le ha salido bien es a Giacchino. Vaya por delante que la película de Trevorrow es un pequeño desastre, que ha sufrido un importante batacazo de crítica y público. Algo que me explica el que haya tenido este estreno casi de tapadillo en nuestro país. Y eso que cuenta con una premisa más que interesante que podría haber dado mucho más juego. Especialmente de haber trabajado más los elementos juveniles y emocionantes en vez del drama y los elementos más oscuros de la historia. Es una de esas películas que en los 80 y dirigida por alguien como Spielberg, Dante o similar hubiese podido ser, como mínimo, mucho más interesante que este extraño melodrama familiar sin sentido.

Bien es verdad entonces que a Giacchino no se lo han puesto fácil. De la misma manera que la película se dedica a tocar infinitos clichés y lanzarnos infinitas variaciones del tono de la historia, Giacchino se encuentra sin una brújula ni base firme sobre la que apoyarse. Y el resultado es que, en esta ocasión, no consigue hacerse con el timón de la banda sonora. Terminando con una especie de Frankenstein híbrido que no termina en ningún momento de decidir qué hacer o qué camino seguir, con lo que al final termina siguiéndolos todos. Y eso que le proporciona un bonito tema principal, que en su inicio nos presenta de forma brillante y realmente bonita en “Overture”, con un tono serio a piano, que rápidamente coge una vitalidad realmente emocionante y preciosa, que parece transportarnos a esa infancia soleada y llena de juegos. Algo que parece confirmar la entrada del resto de orquesta y percusión.

“Treehouse Inventions” y “Cheering Up the Mountain” continúan con ese tono y estilo. Y la verdad es que estos cinco minutos son realmente un prólogo maravilloso. Pero repentinamente la música quiebra hacia un tono atmosférico tremendamente dramático y serio. “Predator in Their Midst” da un giro de 180 grados a la partitura. Algo comprensible, ya que la trama incluye diversos elementos graves en su desarrollo. Lo que ocurre es que lo que al principio podía hacernos suponer que la banda sonora va a ir repartiendo su apoyo a los diversos momentos oscuros por un lado, y a los emocionantes de la película por otro, no termina siendo así.“Research and Development” o “Shaken, Not Stirred” nos van confirmando que la parte oscura no termina de mostrarnos algún elemento infantil o principal. Que son los ojos de Henry los que parecen encontrar este mundo oscuro. Todo es tremendamente serio, aunque de vez en cuando reaparezca el tema principal. Y el problema es que ese tono atmosférico termina siendo dominante en la partitura.

Pero eso no es todo. “On Mortality” y “Henry’s Last Wish”, de repente, nos traen una música intimista y triste. De drama personal, ahondando aún más en el aspecto atmosférico y dramático. Que sólo el piano, aunque lánguido y retraído, parece proporcionar cierto brillo y emoción. Y ya a partir de aquí, aunque en ocasiones combina estos dos tonos, el problema es que la música comienza a dispersarse hacia todos lados, igual que el tono de la película. De repente nos encontramos con momentos realmente tristes y dramáticos, como “A Tender House Call” o “Peter’s Lament”; otros de tensión y oscuros como “Forging Ahead” o “Susan for Justice”; otros más emocionantes como “Do You Have Prince Albert In a Can?” o “Target Practice” (que nos trae más que un recuerdo de Lost con ese tema principal en solo de violín). Encontramos piezas con guitarra, piano y electrónica como “Book Discovery: System of Abuse” o “The Parable of the Talents”, algunas de corte muy clásico como “Christina’s Dance”, y otras más modernas como “Into the Fire”. Todo ello entremezclado a lo largo de toda la partitura y de manera extraña. Con poca coherencia más allá de ese tema principal, que es de lo poco que nos permite contar con una cierta cohesión en la misma y que se agradece cada vez que aparece con esas notas a piano y violín. Es el único hilo emocional que nos proporciona la banda sonora.

El principal problema es, por un lado, esos momentos atmosféricos y oscuros. Algunos auténticamente sacados de un thriller de tensión y que le dan un carácter muy disperso y poco interesante a la partitura. Evidentemente, los momentos más emocionantes son los que realmente nos hacen recobrar el interés. Pero teniendo en cuenta el precioso tono brillante inicial, todo se ha tornado melancólico y triste durante el resto de la partitura. Ni siquiera contamos con una conclusión efectiva. “Closing the Book on Henry” es un breve remedo del tema principal a piano, ya que la conclusión la proporciona una bonita canción interpretada por la brillante Stevie Nicks con “Your Hand I Will Never Let it Go”. Una canción que mantiene ese tono triste y melancólico con el que concluye la banda sonora. Pero en ningún momento se siente la sensación de que ocurra una evolución musical que lleve a ello. El tema principal cambia el tono porque el contexto lo cambia, pero su interpretación sufre pocas variaciones. No sabría dónde señalar, más allá de esa falta de foco que tiene la propia película, pero es evidente que Giacchino tampoco termina de dar con la tecla ideal

Es una pena que tanto película como música parecen desperdiciar una ocasión perfecta para construir una banda sonora realmente interesante, con su punto de nostalgia, emoción, y también suspense y tensión, como algunos de los varios ejemplos que pueden nos pueden venir a la mente. Toda la partitura se encuentra contagiada por una clara falta objetivo que destroza literalmente a la historia que nos narra. Sí que es verdad que se aprecian momentos del Giacchino brillante que conocemos, pero sólo hace un par de puntuales apariciones interesantes, con varios de los momentos emocionales muy cercanos a ese tono melancólico que tan bien desarrolló en Lost. Aquí, sin embargo, el conjunto es una especie de estofado extraño en el que se han metido todos los elementos que se tenían a mano a ver si el resultado sabía bien. Es un trabajo que me refuerza la opinión que tengo en ocasiones del compositor, y es que cuando el proyecto no le proporciona la comodidad del tiempo adecuado para componer (la película se rodó en 36 días y parece que se estrenó sin casi tiempo de mucha revisión), no termina de sentirse cómodo. Y el resultado final lo deja claro. Bueno… ¡no se puede ser un maestro siempre siempre!