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La cordillera

Alberto Iglesias
     
Año:   2017
Sello:   Quartet Records
Edición:   Normal
Nº Tracks:   4
Duración:   52:23
     
Ficha IMDB
Web del Compositor
 

 

Reseña por:
Fernando Fernández

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1. El Hombre Común (15:38)
2. Hipnosis (14:56)
3. La Cumbre (9:12)
4. ¿Usted Cree En El Mal, Presidente? (12:29)

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“El Hombre Común”

 

“La Cumbre”

 

“¿Usted Cree En El Mal, Presidente?”

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La clase evidente de Alberto Iglesias a la hora de trabajar con la orquesta y su manera en que incorpora diversos estilos, de manera fluida y homogénea, a lo largo de la banda sonora.

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El exceso de atmósfera en las dos piezas centrales, especialmente en “La Cumbre”. Aunque no rompen completamente el bloque que representa la banda sonora, ni están fuera de lugar, sí que pasan completamente desapercibidos en su escucha aislada en comparación con el conjunto de la partitura.

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La suite inicial “Un Hombre Normal”, en la que Alberto Iglesias consigue presentarnos todos los motivos y tonos de la banda sonora, consiguiendo interesarnos sin decaer en ningún momento de sus más de 15 minutos.

Donde la música se contagia en múltiples y frías tramas

En la amplia lista de grandes compositores españoles, Alberto Iglesias sigue siendo uno de los más internacionalmente reconocidos. No ya por sus colaboraciones con Almodóvar, sino por la calidad y clase que atesoran sus trabajos. Vaya por delante que a mí es uno de los compositores (tengo unos cuantos más en esa lista) que suelen dejarme muy frío cuando escucho su trabajo. No sé exactamente qué puede ser, ya que su clase y calidad es bastante evidente en la gran mayoría de sus obras. Sí que es verdad que su faceta más experimental y atmosférica no me termina de llenar, pero probablemente tendría que echarle más la culpa al estilo utilizado y no al resultado.

Sin embargo, tengo que reconocer que últimamente me he encontrado con un Alberto Iglesias mucho más variado e interesante que el que solía encontrarme en otras ocasiones. Ma Ma, Julieta o Spain in a Day son buenos ejemplos del Alberto Iglesias más clásico y dramático. Lo que ya en si tiene su atractivo y, además, me convence mejor a disfrutarle. Pero también nos ofrece buena muestra de su capacidad para trabajar con la orquesta a un nivel realmente excelente. No sólo por sus melodías y temas, sino por la calidad y originalidad de sus orquestaciones.

En La cordillera nos encontramos a un Alberto Iglesias también clásico y dramático, pero que no tiene miedo a la hora de introducir parte de su estilo electrónico y atmosférico en diversos momentos de las largas suites que conforman esta nueva banda sonora publicada por Quartet Records. Algo que aunque, como mencionaba, me suele dejar muy frío, en esta ocasión le proporciona una cierta variedad de estilo muy interesante. Aunque probablemente le perjudique esa especial presentación de la partitura en cuatro largas suites.

La nueva película de Santiago Mitre es una inconexa aproximación al mundo del thriller político, que termina quedándose a medio camino en todos los palos que intenta tocar a lo largo de su metraje (incluyendo su final). Algo que parece terminar por influenciar a la partitura de Iglesias, que va desarrollándose por el terreno del thriller de intriga y lo misterioso, sin olvidar pasar por el drama y la tensión, sin instalarse definitivamente en ninguno de ellos.

Eso sí, la verdad es que la presentación ayuda a crear una escucha interesante. Las cuatro suites que componen la banda sonora se mueven entre los nueve y los quince minutos. Lo cual proporciona mucha fluidez entre esos diversos estilos y tonos que presenta. Curiosamente, en la mayor parte de las ocasiones, se aprecia de forma evidente cómo la música se detiene para comenzar de nuevo con otra pieza. En el fondo, la mayor parte de las suites se presentan con la variación tradicional de un tema a otro, por lo que entiendo que no habría sido un problema incluir piezas más breves como es lo habitual. Pero supongo que tanto compositor como los productores han tomado la decisión por motivos puramente artísticos. Insisto en que no perjudica a la presentación de la música, aunque sí hace algo más complejo guiaros en su reseña.

Probablemente la primera suite sea la más destacada e interesante de las cuatro. “El Hombre Común”, título que hace referencia a la consideración que se hace al Presidente de Argentina que interpreta Ricardo Darín en la película, nos introduce directamente al tema principal de la banda sonora. Una especie de vals oscuro y vivo, llevado por cuerdas y vientos, realmente memorable. El mismo va a ir haciendo aparición a lo largo de toda la banda sonora, y es el elemento que le da el carácter más animado a la misma en sus diversas apariciones y variaciones. No sé si la idea era jugar a presentar la “danza política” que se desarrolla en esa cumbre política (la cual, curiosamente, se celebra en una “cumbre” montañosa). Pero desde luego el tema es lo suficientemente memorable como para agradecer sus diferentes apariciones.

Dicho tema queda interrumpido por la primera entrada de la electrónica en la banda sonora, representado por un pulso repetitivo, casi a modo de eco, que poco a poco va quedando completamente tapado por otros elementos significativos de la partitura. El primero una especie de sonido electrónico de “retorno”, que vuelve a aparecer en varias ocasiones más a lo largo de la banda sonora. Al escucharlo es inevitable quedarse con la sensación de que algo extraño y fuera de lugar que interrumpe el flujo normal de la historia. Y el segundo es la aparición del piano, que se va a convertir en la presencia más habitual y destacada del resto de la banda sonora. Siempre en combinación con diferentes elementos de la orquesta. La verdad es que el juego entre el piano y, especialmente, el viento y las cuerdas, proporcionan los elementos más brillantes de la partitura.

Esta pieza inicial, en un principio, nos da impresión de una música dramática, seria y con fuerza. Algo ideal para ese elemento de thriller político que, a pesar de su tono oscuro, no termina de cansar en ningún momento. Sin embargo, la historia comienza a introducirse en otros derroteros en los que la música también va entrando poco a poco, perdiendo parte de esta brillantez inicial. “Hipnosis” comienza de una manera destacada, siguiendo el tono de la primera suite. Con el piano como elemento más destacado, en la línea que explicaba anteriormente. Pero a partir de los dos minutos la música va adentrándose en un terreno mucho más atmosférico. Casi de película de misterio en momentos. Con lo que pierde mucho del interés ganado inicialmente según van pasando los minutos. Una música que es mucho más interesante y menos aburrida en conjunción con las imágenes. Pero a la que sólo el retorno del piano con cierto tono emocionante, a partir del minuto once, hace recuperar el interés en la parte final de la pieza en su escucha aislada.

“La Cumbre” recupera esa especie de vals oscuro que vuelve a hacernos prestar atención en lo que la partitura tiene que decirnos. Pero su parte central vuelve a moverse hacia terrenos más atmosféricos y de tensión. Un tono que, reforzado con los motivos electrónicos que mencionaba antes, la convierten en la pieza más discreta y menos interesante de la banda sonora. Afortunadamente, también es la más breve. “¿Usted Cree en el Mal, Presidente?” vuelve a rompernos el ritmo, comenzando con los momentos más vivos y excitantes de toda la partitura. Con la percusión y las cuerdas creando una cierta sensación de urgencia y ritmo, que incluso termina contagiando a ese vals del tema principal. Uno de los momentos tal vez más interesantes y destacados de toda la banda sonora. Su momento de acción, por así decirlo. Lo cual nos permite superar mejor esa parte central atmosférica, que también esta presente en esta pieza pero de manera más breve. Sin embargo en conjunto, vuelve a avivar la tensión y el interés en la escucha y, más tarde, el drama de la suite inicial en la segunda mitad de la misma. Todo lo cual, en conjunto, hace que la conclusión de la banda sonora sea más que satisfactoria.

Se trata de una banda sonora bastante cargada de oscuridad. A pesar de utilizar esa especie de vals como tema principal, el tono es bastante dramático y serio. Y la verdad es que al final sigo sintiendo esa sensación que me deja muy frío ante este nuevo trabajo de Alberto Iglesias. Sí que es verdad que los aficionados al compositor van a disfrutar de la banda sonora. Especialmente por los momentos más vivos y destacados con los que cuenta la misma. Y también por como sigue demostrando su manejo del lenguaje orquestal. Pero, también incorpora algunos elementos del Iglesias más experimental que me hacen desconectarme de la misma. La impresión es que ese juego de múltiples elementos de trama que se encuentran en la película, han terminado por infiltrarse en la propia partitura. Por lo que esos aspectos más esotéricos, fantásticos y de thriller de suspense, terminan por contagiar la atmósfera musical de la banda sonora. Algo que me hace más pensar en todo lo que rodea al personaje central de la película, más que en ver que es lo que le hace ser como es. Lo cual es, precisamente, el principal problema de la propia película.  La música muestra de manera evidente el buen hacer y clase del compositor, con momentos brillantes. Pero también parece cargar con los desaciertos de la trama, cayendo en momentos demasiado ambientales. Lo cual me terminan dejando con la temperatura que supongo deben tener en esa cumbre nevada en la que se desarrolla la película.