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Anomalisa

Carter Burwell
     
Año:   2015
Sello:   Lakeshore Records
Edición:   Normal
Nº Tracks:   14
Duración:   44:03
     
Ficha IMDB
Web del Compositor
 

 

Reseña por:
Antonio Miranda

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1. Overture (01:42)
2. Welcome to the Fregoli (03:36)
3. Cin Cin City (01:23)
4. Another Person (04:46)
5. None of Them Are You (04:06)
6. Fregoli Elevator (00:57)
7. Lisa in His Room (03:54)
8. Girls Just Want to Have Fun (03:40)
9. Anomalisa (06:58)
10. Cincinnati Sunrise (00:39)
11. My Name Is Lawrence Gill (04:57)
12. Breakfast with Lisa (03:34)
13. Michael’s Speech (02:36)
14. Goddess of Heaven (01:21)

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“Welcome to the Fregoli”

 

“Anomalisa”

 

“Goddess of Heaven”

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La inagotable capacidad del autor por crear maravillas intimistas y minimalistas que se mantienen en un plano secundario pero que, a la vez (y con gran mérito), ejercen un control absoluto y practican una movilidad de sensaciones y situaciones asombrosa. La parte central del argumento, todo el rato que los dos protagonistas pasan juntos en la habitación, es el centro de una partitura delicadísima.

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Los diálogos que contiene la edición en CD, que tapan la función y significado de la música y el poder apreciarla en su pureza. No obstante, la original concepción teatral de la obra justifica la intención de los productores al ser, literalmente, un teatro escuchado en CD.

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“Goddess of Heaven”, tema final del filme con el que se cierra una historia de pesadumbre vital y que es el mejor ejemplo de tal cualidad durante toda la partitura, resumida ejemplarmente en su algo más de un minuto.

BSOSpirit opina

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Nota media:7,14

Fernando Fernández (7), Asier G. Senarriaga (7), Óscar Giménez (6), Juan Ramón Hernández (7), David Martínez (7), Antonio Miranda (8), Jordi Montaner (8), David Sáiz (7)

 

Música de emociones, música de perturbaciones

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La banda sonora de Carter Burwell para la exquisita Anomalisa corrobora dos cosas: el compositor se olvida de los efectismos del cine y sacrifica su consideración comercial y de masas para ofrecer, ya desde hace muchos años (Carol, 2015; Mr. Holmes, 2015; Seven Psychopaths, 2012; Howl, 2010…) verdadero Arte; por otro lado, la partitura es la corona final a una producción “stop motion” verdaderamente inigualable.

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Hemos de orientar el estudio de la música global de Burwell hacia terrenos nada fáciles, nunca evidentes y siempre ocultando una estructura de aplicación a la historia verdaderamente encomiable, con un valor sobresaliente al tratarse de partituras de una calidad máxima y siempre manteniéndose en un humilde segundo plano en pantalla, pero con ese sentido evidente y un significado importantísimo para llegar a comprender, en su totalidad, las películas a las que aplica sus composiciones.

Así ocurre en la presente obra, con un inicio repleto de silencios y con momentos “musicados” de matices inquietantes, como son lo que le va ocurriendo al protagonista, un hombre serio, profesional y “muerto” para la vida. Tan extrañas son las voces de la gente a su alrededor (todas iguales, de tono masculino aun tratándose de mujeres) como su actitud o sus conversaciones y, por supuesto, la música (“Overture”).

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Burwell aplica unos fragmentos confusos, geniales, cambiantes en tonos, ritmos y estilos (desde jazz a tango, pasando por sencillas descripciones), que generan confusión en el espectador, tanta como para llegar a una de las secuencias más exquisitas (de las muchas que hay) y sentir algo extraño; no saber, tal vez, qué es (o sí…); darse uno cuenta o percibir la sensación sin descifrarla: Michael Stone, envuelto por la desazón y el sopor vital, conoce a Lisa Hesselman. La voz de ella, sorprendentemente, es femenina, hermosa y sensual y su escucha causa un frontal choque tanto en el espectador (acostumbrado a las voces masculinas todas iguales) como en el propio Michael Stone, que drásticamente se enamora de la joven.

Burwell ofrece un aderezo tan exquisito y sutil que, cuando uno ve la película atentamente, queda prendado de hipnotismo ignorado o, en su caso, enfervorizado por el matiz del compositor: el tono, hasta ahora, triste e inquietante de la música sufre un cambio como lo es la escena misma y la partitura vuela inteligente y casi sin darnos cuenta hacia unas melódicas formas, elegantes y optimistas justo en el instante en que Lisa habla (2:58 del tema “Another Person”).

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Concebida inicialmente como proyecto teatral, en el que también participaba el compositor, Anomalisa nos muestra siempre este lado artístico, nunca lo abandona durante la hora y media de duración y podría dividirse en actos bien clarificados en los que la música, sin tapujos, voltea sentimientos, convierte secuencias en sensaciones fortísimas y controla, en resumen, un ir y venir tremendo de todo tipo de momentos, aún sin aparentarlos la obra, envuelta en pausa, diálogos y análisis lingüísticos.

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El ejemplo más dictado de toda esta amalgama de consideraciones se inicia cuando ambos protagonistas deciden tomar una última copa en la habitación del hotel donde él se hospeda. Pocas veces, en los últimos años, una partitura habrá tomado el mando durante un buen número de minutos y, sin prejuicios (y siempre de forma elegante y tratada), condicionando de manera radical lo que ocurre y lo que se piensa: la ternura que Burwell imprime a la secuencia, a los diálogos y al acto sexual de los enamorados es, simplemente, asombrosa (“Anomalisa”).

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Nos encontramos en la parte firme y fundamental de una obra que pronto cambiará. Los fragmentos se convierten en absoluta delicadeza y llegan a introducirse en el interior de él y de ella, de aquel como elemento que cuida y de esta como elemento cuidado. Hemos pasado, hasta ahora, por la incertidumbre, el optimismo y la ternura de una forma directa y, al tiempo, delicada. Estamos a escasos minutos de otro matiz interesantísimo que voltea, como lo hace la vida al propio Michael, la vitalidad hacia el hastío: Lisa va cambiando su voz, paulatinamente transformándose en otra vez común a la de todos y todo. Michael no sufre el desamor, padece su realidad existencial, que no es otra que la auténtica incomprensión por la gente y por lo que le rodea, como así muestra la música que escuchamos en la secuencia, una mezcla magistral del total conjunto acontecido hasta ahora, intensa combinación de la partitura inicial con la posterior (“Breakfast with Lisa”) para llegar a un desenlace inmejorable que las notas graves se encargarán de dar una forma final de desolación, tristeza y dolor con las que se cierra la obra: “Goddess of Heaven”.

 

Concluyendo, una nueva joya a disfrutar de Carter Burwell que completa elegantemente, en forma de minimalismo de cámara, una película ejemplar para las minorías más exigentes. Sin duda, de fundamental visionado y altísimo nivel.